Hablar de ti es horadar la madrugada a sorbos lentos, pastorear el
rebaño inagotable de la ternura y el deseo, abrir los brazos ante el
aguacero torrencial y cerrados los ojos agradecer por la humedad de tu
entrepierna y de tu lengua entrelazada en la lengua y en la entrepierna
mía.
Hablar de ti es caminar en placenteros círculos, paladear por
vez siempre primera la suavidad ajena de la carne, moldear a ciegas el
único paraíso entre hombre y mujer, las privadas horas en que naufragio
significa siempre salvación, romper el cielo a dentelladas.
Recordarte a ti es abrir los ventanales en verano, dejar correr al
viento sus silbidos por la casa y la memoria, desdoblar el polvo,
ahuyentar el carnaval fantasmagórico de tu inocultable ausencia
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