29 ene 2017

Baptismo

¿Qué es mi denominador, mi vano nombre?
Un símbolo, un susurro, bruma o viento.
Ser el uno, aislado, la mujer o el hombre
¿Qué soy, el recipiente el cual el viento
roe, desvasta y hala cual hoja pueril, innoble,
hacia la insaciable boca del olvido, o cuerpo
eterno, o devorador de parco, ansioso, cobre?
¿Qué soy, cabe mi soledad en el reflejo
de una letra? ¿A qué apelo si terreno, si hombre
me bautizo, qué guarda mi glifo? Mil secretos
ya que me he preguntado
a qué se nace, o se viene a devorar
                                           [horas
aún sin apetito para ello,
-materia como somos
a la espera de la transmutación-
hijos pródigos del polvo y la ceniza,
hermanos de toda insípida materia

orlados nuestros cráneos
con títulos nobiliarios
o académicos
hemos ganado la partida
a la barbarie
a un alto costo:

porque perdimos la calma
la sosegada paz de las bestias
y las plantas

cuando quisimos abrazar el fuego
quedó grabada en nuestras frentes
la angustia
la plena conciencia de las horas
escurriendo
entre las cloacas de la existencia
                                    [misma
la certeza de un futuro
o un pasado inalcanzables
para el cadenamiento de un brazo
                                    [humano
aierta ya la caja de Pandora,
imposibilitada de cierre

/

pero nos sabemos agonía,
la huída permanente
de la sangre y de la hollada carne

/
permítaseme disertar sin elocuencia:
es decir voy a soltar este alegato
como quien dice a sus bestias,
sóis libres para devorar el pasto,
las estancadas aguas de vuestra sed

I
explicar que la carne
toda músculo atrofiado, toda
                                      [nervadura
no es otra cosa que engranaje
para arrastrar la maquinaria del dolor,
que no hay gesto que al pergeñarse
no deje su huella de sangre
sobre el averiado motor del corazón,
ni cuchilla en la mano, ni caída
sobre el musgo del amor
que no contribuya al desgaste
de rótulas, engranes, muelles,
inyectores;

que no hay motor que llegue
a la segunda década
incólume
que no haya pisado una sola ocasión
los accidentados caminos
del corazón,
ninguno que tras arder
por la fiebre de la carne ajena
se mantenga en pie
sin tambalearse
aunque imperceptiblemente
/

la carne es la muerte:
al oído silba canciones de cuna
antes de alcanzarnos,
afable,
desternillada de risa

eres materia
me dice

guardo mis conjeturas
este pobre material de disertación