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| El recuerdo de tu sexo empapa mi insomnio |
28 mar 2020
23 mar 2020
Hay tardes en que el viento silba
como un viejo amigo, como diciendo
hermano! vamos a devorar el mundo,
aquí te espero, y a lo lejos se oye un relámpago,
pero nadie sale al patio infestado
de tordos a recibirlo, a ofrecerle una cerveza.
Como un amigo de hace siglos
ha venido el viento a preguntar
por la pandilla, por las hogueras a mediodía
y las guitarras que no dejaban de sonar;
como un viejo amigo, como diciendo
hermano! vamos a devorar el mundo,
aquí te espero, y a lo lejos se oye un relámpago,
pero nadie sale al patio infestado
de tordos a recibirlo, a ofrecerle una cerveza.
Como un amigo de hace siglos
ha venido el viento a preguntar
por la pandilla, por las hogueras a mediodía
y las guitarras que no dejaban de sonar;
Güeso roto
No el que alcanza para tallar vasos,
incensarios, flautas, collares
para el delicado cuello de la amada en cuestión,
es algo más cercano al ánimo, algo de hombre
desvencijado sobre su bolsa de años,
algo de la cuarteadura imposible del sosiego,
hundirse palmo a palmo en el fango
de la nada, con el alma relinchando
como un caballo que revienta de cansancio en la madrugada;
de eso hablo, de un hacha que alguien más blande
a ciegas sobre el pecho, o lo que es lo mismo,
sobre un leño reseco, y hace saltar la astilla sobre el ojo,
y mella el acero, y todo descompone,
todo sume en su entuerto de torpeza,
y nada se salva de quedar agonizando,
de lanzar la última cornada al aire,
este atacar a nadie a dentelladas,
recurso último del que sabe está cayendo
aunque a otros ojos parezca tan solo
la danza grotesca de un ciego antes del tropiezo
incensarios, flautas, collares
para el delicado cuello de la amada en cuestión,
es algo más cercano al ánimo, algo de hombre
desvencijado sobre su bolsa de años,
algo de la cuarteadura imposible del sosiego,
hundirse palmo a palmo en el fango
de la nada, con el alma relinchando
como un caballo que revienta de cansancio en la madrugada;
de eso hablo, de un hacha que alguien más blande
a ciegas sobre el pecho, o lo que es lo mismo,
sobre un leño reseco, y hace saltar la astilla sobre el ojo,
y mella el acero, y todo descompone,
todo sume en su entuerto de torpeza,
y nada se salva de quedar agonizando,
de lanzar la última cornada al aire,
este atacar a nadie a dentelladas,
recurso último del que sabe está cayendo
aunque a otros ojos parezca tan solo
la danza grotesca de un ciego antes del tropiezo
vine a decir que estoy dolido,
que me embriago y no hay sed
que justifique esta voracidad por las cantinas,
este barruntar en el esófago, este crepitar de la laringe,
como de cataratas que no terminan de llegar
al lecho del abismo, como de gargantas azoradas,
que se enferman en la noche, muertas de frío,
y apenas gritar tu nombre hay una estampida
de rinocerontes que se esconde,
y se rompe, cadena, papel, sueño,
y me pongo en pie, y digo que este amanecer
es un saraguato que ruge en la distancia
hambriento, que dice estoy dolido
no hay remedio en la tierra
para esta dentellada
y esta flor alojadas en mi pecho
que me embriago y no hay sed
que justifique esta voracidad por las cantinas,
este barruntar en el esófago, este crepitar de la laringe,
como de cataratas que no terminan de llegar
al lecho del abismo, como de gargantas azoradas,
que se enferman en la noche, muertas de frío,
y apenas gritar tu nombre hay una estampida
de rinocerontes que se esconde,
y se rompe, cadena, papel, sueño,
y me pongo en pie, y digo que este amanecer
es un saraguato que ruge en la distancia
hambriento, que dice estoy dolido
no hay remedio en la tierra
para esta dentellada
y esta flor alojadas en mi pecho
un hombre sin cabeza,
además de grotesco es un hombre muerto
un hombre que ha perdido la cabeza
sea la razón que sea la que le haya hecho extraviarla
es, además de un triste espectáculo, un hombre perdido
además de grotesco es un hombre muerto
un hombre que ha perdido la cabeza
sea la razón que sea la que le haya hecho extraviarla
es, además de un triste espectáculo, un hombre perdido
¿quién de ellos era yo, postrado a tus pies,
adoptada la postura de Juan el Bautista
ante Salomé, el instante previo a su misteriosa danza?
adoptada la postura de Juan el Bautista
ante Salomé, el instante previo a su misteriosa danza?
Ya cerré mi mano, corazón;
ya no cabe tu suspiro en el intersticio
de mi adormecido pulgar y el índice que amó
la humedad de tu madrugada.
Ya empuñé mi tristeza, amor,
y me he despedí, aunque doliera,
de las cosas incorpóreas
que alcanzaron a nombrarnos.
Dije adiós, amor, y sin hacer maletas,
he retomado el camino, y sonriendo
agito la gaviota blanca de mi pañuelo.
Ya no te pertenezco, es cierto,
y he soltado ya tu mano para huir
cómo solo sabe hacerlo un vencido.
Ya he cerrado mi puño, amor, ya palpita
mi corazón en el desierto,
ya se desangra mi pasión en el destierro
ya no cabe tu suspiro en el intersticio
de mi adormecido pulgar y el índice que amó
la humedad de tu madrugada.
Ya empuñé mi tristeza, amor,
y me he despedí, aunque doliera,
de las cosas incorpóreas
que alcanzaron a nombrarnos.
Dije adiós, amor, y sin hacer maletas,
he retomado el camino, y sonriendo
agito la gaviota blanca de mi pañuelo.
Ya no te pertenezco, es cierto,
y he soltado ya tu mano para huir
cómo solo sabe hacerlo un vencido.
Ya he cerrado mi puño, amor, ya palpita
mi corazón en el desierto,
ya se desangra mi pasión en el destierro
Ahora puedo decir que tiembla la punta de mis dedos; ahora que he
olvidado hasta mi nombre puedo nombrar sin resquemores la ciudad donde
soñé por última vez tu cuerpo desnudo. Reías bajo la lluvia de las
cuatro de la tarde, y en mi lengua no cabía otro deseo que lamer la sal
que corre por tu espalda.
Otra vez, como entonces, me he embriagado para adormecer a los lobos oscuros y hambrientos del deseo; otra vez, como antes, me invento un idioma de señas para ciegos, y en esa cifradura del lenguaje muerdo la fruta breve, jugosa, de tu nombre.
Soy un gato, el que con gusto rasguñaría tu espalda, como buen hijo del arrabal bebería en el cuenco de tus labios hasta la embriaguez; en tus ojos de pantera descansan gavilanes, en las huellas que dejas marcadas tras tu paso, duermen apaciguados alacranes.
En esta hora puedo decir que me venciste, que basta cerrar los ojos para imaginarte de pie, desnuda como una Venus morena que surge entre los acantilados del mar de mi deseo.
Falto a mi palabra de no volver a mencionarte: sí, te he vestido con incontables nombres, manantial de llamas, te he desnudado con siempre variables adjetivos, lúbrica cristalería del firmamento, en ti alcanzo a sospechar el espejo que devoró a Alicia y ha de reflejarme en tu mirada de sirena.
Otra vez, como entonces, he llamado a la catedral de la memoria, me arrodillo ante el cuenco salobre de este deseo inagotable, y bebo, con fruición, pero sé que no es tu cuerpo (cae un relámpago en la lejanía, las aves abandonan las copas de los árboles, mi espalda es un gato que se eriza al sospechar el filo de tu uña al acariciarme)
Otra vez, como entonces, me he embriagado para adormecer a los lobos oscuros y hambrientos del deseo; otra vez, como antes, me invento un idioma de señas para ciegos, y en esa cifradura del lenguaje muerdo la fruta breve, jugosa, de tu nombre.
Soy un gato, el que con gusto rasguñaría tu espalda, como buen hijo del arrabal bebería en el cuenco de tus labios hasta la embriaguez; en tus ojos de pantera descansan gavilanes, en las huellas que dejas marcadas tras tu paso, duermen apaciguados alacranes.
En esta hora puedo decir que me venciste, que basta cerrar los ojos para imaginarte de pie, desnuda como una Venus morena que surge entre los acantilados del mar de mi deseo.
Falto a mi palabra de no volver a mencionarte: sí, te he vestido con incontables nombres, manantial de llamas, te he desnudado con siempre variables adjetivos, lúbrica cristalería del firmamento, en ti alcanzo a sospechar el espejo que devoró a Alicia y ha de reflejarme en tu mirada de sirena.
Otra vez, como entonces, he llamado a la catedral de la memoria, me arrodillo ante el cuenco salobre de este deseo inagotable, y bebo, con fruición, pero sé que no es tu cuerpo (cae un relámpago en la lejanía, las aves abandonan las copas de los árboles, mi espalda es un gato que se eriza al sospechar el filo de tu uña al acariciarme)
La casa compartida (versión de prueba para el doble)
Algunas veces lo veo, como si me buscara
entre la niebla del recuerdo.
Luego de algunos intentos desesperados,
vuelve a su rutina de materia condenada
al olvido, coge un fruto, y al morderlo,
el universo estalla como una granada madura
entonces, vuelvo a la casa
donde fuimos uno, y nos miramos
uno al otro en el reflejo del agua
que llena la sala en los días de lluvia
o en el humo denso de la fiesta de San Juan;
me mira como quien termina por encontrar
un viejo retrato en el que apenas alcanza
a reconocerse
no niego que me embarga la envidia
y quisiera el guante de la amnesia
para olvidar su manía persecutoria,
y cierta nostalgia, la de quien acaba de comprender
que entrega a un amigo al polvo,
y algo dentro se nubla, como anunciando el diluvio
entre la niebla del recuerdo.
Luego de algunos intentos desesperados,
vuelve a su rutina de materia condenada
al olvido, coge un fruto, y al morderlo,
el universo estalla como una granada madura
entonces, vuelvo a la casa
donde fuimos uno, y nos miramos
uno al otro en el reflejo del agua
que llena la sala en los días de lluvia
o en el humo denso de la fiesta de San Juan;
me mira como quien termina por encontrar
un viejo retrato en el que apenas alcanza
a reconocerse
no niego que me embarga la envidia
y quisiera el guante de la amnesia
para olvidar su manía persecutoria,
y cierta nostalgia, la de quien acaba de comprender
que entrega a un amigo al polvo,
y algo dentro se nubla, como anunciando el diluvio
Te ha sucedido que después de viajar toda la noche y buena parte del día
bajas del bus en la cuarta terminal de trasbordo, y encuentras largas
filas para comprar el siguiente boleto y nadie sabe de líneas piratas ni
han visto el mar a pesar de su cercanía y entonces decides salir a
explorar los alrededores porque de todos modos ya no llegas hoy a tu
destino y apenas poner un pie en la calle vez con escepticismo un
triciclo que oferta pozol con cacao y al buscar al vendedor no
ves a nadie, y tu paladar saliva por una bebida que se parezca a la que
encontraste muchas tardes en Cinco de Mayo, en la lejana y calurosa
ciudad Coneja, pero el callo de la decepción te dice seguramente será
más parecido al preparado insípido que alcanzó a calmar la sed en la
infernal Villahermosa, y justo cuando estás a punto de reanudar la
marcha aparece el vendedor y sin mucha fe pagas los doce pesos de la
porción, y pruebas y solo alcanzas a decir coño, carajo! Y ese trago
basta para olvidar que no has probado bocado desde la tarde anterior y
te encaminas al corazón de la ciudad, tomas un par de fotografías con tu
celular porque olvidaste la cámara en el departamento que para no
complicarte llamas casa, y al volver a la terminal encuentras mangos con
chile, es decir, otro asalto de los corsarios de la memoria contra el
galeote del paladar?
He dicho tu nombre en cada esquina
del ocaso, en la más pura soledad
como esperando a que llegaras,
a que tu mano dentro de sí guardara
un papel que me nombrase depositario final
de tu espejismo y de tu beso.
del ocaso, en la más pura soledad
como esperando a que llegaras,
a que tu mano dentro de sí guardara
un papel que me nombrase depositario final
de tu espejismo y de tu beso.
Herido en la más leve molécula del desamparo,
hablé de ti en cada plaza pública
en que fui supliciado, culpable de todo crimen,
imperdonable ladrón, corruptor de lo sagrado;
y, lanzando coágulos de sangre por la boca,
me atreví a murmurar tu nombre
para que vinieras,
para que rugieras,
para que me oyeras,
para que tus yemas tocaran
la tierra yerma de mi hueso
Hundido, hecho nudo o bagazo,
materia deleznable, grosera piedra,
¿alcancé a sostener el fuego de tu nombre?
hablé de ti en cada plaza pública
en que fui supliciado, culpable de todo crimen,
imperdonable ladrón, corruptor de lo sagrado;
y, lanzando coágulos de sangre por la boca,
me atreví a murmurar tu nombre
para que vinieras,
para que rugieras,
para que me oyeras,
para que tus yemas tocaran
la tierra yerma de mi hueso
Hundido, hecho nudo o bagazo,
materia deleznable, grosera piedra,
¿alcancé a sostener el fuego de tu nombre?
Nuestros son el olvido y sus cachorros, la invaluable
ortiga del deseo en nuestros lechos funerarios;
insisto, en el filo de tu uña teje su nido,
solitario, el halcón de la nostalgia,
obcecado, incontenible. ¿Quién llama en esta hora, quién,
llamando, exige el silencio de la roca y el sepulcro?
ortiga del deseo en nuestros lechos funerarios;
insisto, en el filo de tu uña teje su nido,
solitario, el halcón de la nostalgia,
obcecado, incontenible. ¿Quién llama en esta hora, quién,
llamando, exige el silencio de la roca y el sepulcro?
Con estas manos, en este páramo, he abierto una herida;
en este pecho, con este acero, abro un canal para irrigarlo
en este pecho, con este acero, abro un canal para irrigarlo
Oleaje en el horizonte,
dársena para el naufragio ajeno,
aleatoria enumeración de catástrofes;
tuya es la palabra que ahora brota:
salvaje y luminosa, toma mi cuello,
abre la puerta a la sangre,
vulcánica, marca su dentadura,
el filo de su garra sobre esta carne
dársena para el naufragio ajeno,
aleatoria enumeración de catástrofes;
tuya es la palabra que ahora brota:
salvaje y luminosa, toma mi cuello,
abre la puerta a la sangre,
vulcánica, marca su dentadura,
el filo de su garra sobre esta carne
descansan las gaviotas sobre balsas de aire
ayer, amor, temblaba en la mordedura
del frío; se dolía mi costado, tiritaba
la espina dorsal de mi alegría
hoy he mordido sin más una cebolla,
he puesto al fuego una sartén
y alimentado mi hambre: llevo desde
la madrugada dando vueltas
como un perro feliz en su encierro
pienso en las horas que compartimos,
en las madrugadas y algunos detalles
que me quedaré como un recuerdo
inocente aunque afilado de tu rostro
ayer, como decía, el frío era la fauce
de un cocodrilo sobre el más
desamparado de mis veinte dedos
hoy escribo, llueve desde la madrugada,
y la niebla ha vuelto a cubrir la ciudad
esta mañana; he dicho que es maravilloso
este clima lleno de gris, saberme
otra vez de pie frente al camino,
otra vez con mi desesperanza
y con mi fuego.
He dicho que la madrugada se hizo lluvia,
que tomé una ducha larga mientras el mundo
se hacía un cubo de hielo, y tarareé
alguna canción de la lejana infancia;
volví a abrazar a mis amigos muertos,
a mis perros y al mocoso que fui,
recién levantado entre las piedras
o entre el lodo de las calles sin pavimento
de mil novecientos noventa y cuatro.
He dicho que todo mantiene su curso,
que esta despedida es un contratiempo
pero el río permanece inmutable,
y ya ha bañado algunas piedras
mientras peleaba contra el mar
del frío; se dolía mi costado, tiritaba
la espina dorsal de mi alegría
hoy he mordido sin más una cebolla,
he puesto al fuego una sartén
y alimentado mi hambre: llevo desde
la madrugada dando vueltas
como un perro feliz en su encierro
pienso en las horas que compartimos,
en las madrugadas y algunos detalles
que me quedaré como un recuerdo
inocente aunque afilado de tu rostro
ayer, como decía, el frío era la fauce
de un cocodrilo sobre el más
desamparado de mis veinte dedos
hoy escribo, llueve desde la madrugada,
y la niebla ha vuelto a cubrir la ciudad
esta mañana; he dicho que es maravilloso
este clima lleno de gris, saberme
otra vez de pie frente al camino,
otra vez con mi desesperanza
y con mi fuego.
He dicho que la madrugada se hizo lluvia,
que tomé una ducha larga mientras el mundo
se hacía un cubo de hielo, y tarareé
alguna canción de la lejana infancia;
volví a abrazar a mis amigos muertos,
a mis perros y al mocoso que fui,
recién levantado entre las piedras
o entre el lodo de las calles sin pavimento
de mil novecientos noventa y cuatro.
He dicho que todo mantiene su curso,
que esta despedida es un contratiempo
pero el río permanece inmutable,
y ya ha bañado algunas piedras
mientras peleaba contra el mar
entonces, digo estoy quebrado,
o en camino de resquebrajarme los huesos
de la paciencia contra la nada,
que estoy enfermo, y sin embargo, empuño,
festivo, desafiante, el descuido, vivir como
si no fuera con uno la cosa de ir muriendo,
envejecer, con el desenfado de los veinte años,
pero hay algo dentro, una viscosidad del alma
que me sujeta por el tórax, que me dice tranquilo
mira cómo se hunde todo, también esta daga
indolora en tu carne, como la daga de un granjero
sobre el cerdo para calar el músculo, la carne
que ha de llevar más tarde a su mesa,
a la mesa donde convidará a sus invitados,
a su progenie desconocedora del chillido,
pero me extravío, yo estaba diciendo
que algo hay como una pequeña muerte
bailando en mis entrañas, un son de tarima,
a ritmo de violines, zapateando alegremente
y es lo que me tiene anquilosado en este mutis
porque estoy tan roto como se puede estar
sin desplomarse, porque estoy tan sobrio
como se puede estar sin desplumarse en el intento,
y callo, acaso por verme más bonito,
tal vez, seguramente, porque me da traspiés
la lengua, y me falta un diccionario para decir
que sí, que hay algo que quiero contarles,
y necesito la sencilla palabra que no encuentro
o en camino de resquebrajarme los huesos
de la paciencia contra la nada,
que estoy enfermo, y sin embargo, empuño,
festivo, desafiante, el descuido, vivir como
si no fuera con uno la cosa de ir muriendo,
envejecer, con el desenfado de los veinte años,
pero hay algo dentro, una viscosidad del alma
que me sujeta por el tórax, que me dice tranquilo
mira cómo se hunde todo, también esta daga
indolora en tu carne, como la daga de un granjero
sobre el cerdo para calar el músculo, la carne
que ha de llevar más tarde a su mesa,
a la mesa donde convidará a sus invitados,
a su progenie desconocedora del chillido,
pero me extravío, yo estaba diciendo
que algo hay como una pequeña muerte
bailando en mis entrañas, un son de tarima,
a ritmo de violines, zapateando alegremente
y es lo que me tiene anquilosado en este mutis
porque estoy tan roto como se puede estar
sin desplomarse, porque estoy tan sobrio
como se puede estar sin desplumarse en el intento,
y callo, acaso por verme más bonito,
tal vez, seguramente, porque me da traspiés
la lengua, y me falta un diccionario para decir
que sí, que hay algo que quiero contarles,
y necesito la sencilla palabra que no encuentro
cerveza verde como sus ojos
Parafraseando mal al viejo cocodrilo:
probé esa chela años antes de conocerla
pero ya sabía que iba a combinarle.
Ya sabía que, ebrio de abstinencia,
al pronunciar su nombre, el cielo
caería rendido ante nosotros,
incapaz de tormenta o relámpagos,
que el mar, ese molusco incomprendido,
ofrecería la perla de su amanecer
a nuestros labios, a nuestras manos
entrelazadas, falange a falange,
probé esa chela años antes de conocerla
pero ya sabía que iba a combinarle.
Ya sabía que, ebrio de abstinencia,
al pronunciar su nombre, el cielo
caería rendido ante nosotros,
incapaz de tormenta o relámpagos,
que el mar, ese molusco incomprendido,
ofrecería la perla de su amanecer
a nuestros labios, a nuestras manos
entrelazadas, falange a falange,
yo sabía que después de tanta arena
y tanto horizonte en resquebrajamiento,
que después de hurtar los frutos del deseo,
los gatos en tus ojos estirarían la zarpa,
para acariciar hasta sangrarlo este corazón
que empuño como la defensa de un viejo
boxeador, que levanto por encima del aire
para clamar que abrazo la derrota
ante el arco de tu cadera
y tanto horizonte en resquebrajamiento,
que después de hurtar los frutos del deseo,
los gatos en tus ojos estirarían la zarpa,
para acariciar hasta sangrarlo este corazón
que empuño como la defensa de un viejo
boxeador, que levanto por encima del aire
para clamar que abrazo la derrota
ante el arco de tu cadera
1 mar 2020
La poesía siempre vigila
Quiero decir que hoy, mientras camino
pienso en ti, en las horas que se escapan
de nosotros en esas tardes en que alcanzo
a tocar tu mano, y oigo en esos instantes
breves por fugaces, el latido acompasado
de tu corazón. De pronto ha oscurecido
y es hora de partir, decirnos hasta pronto,
amarrar a los perros furiosos del deseo,
acariciarles el morro, decirles 'tranquilos,
ya vendrán otras tardes en que puedan
aullar a la luna creciente de su sonrisa,
calma'. Las horas vuelven a tomar su peso,
la abrumadora carga de su tonelaje, pero
gradualmente. Sería insoportable que
apenas soltar tu mano, esa mano cuyos
dedos van y vienen entre los dedos míos,
la realidad volviese a morder mi cráneo.
Es cuestión de supervivencia, o gracia
de una divinidad en la que no creo.
Pero poco a poco, como si se tratara
de un velo o de una roca cimentadora,
la tristeza, el desasosiego, vuelven
a poner sus manos sobre mi hombro,
como si quisieran hundirme en el concreto.
Y es tan poderoso el imán de la gravedad,
y pasan tan lentas las horas, como un engranaje
que se ha cansado de girar, de empujar
otras poleas, de ser empujado a su vez,
que todo en torno rechina, máquina
venida de otras épocas, arcaico animal
que no termina nunca de despertarse;
te decía que las horas pasan lentas,
como animales al borde de la extinción,
que se reduce cada flama en mi pecho,
y mi corazón es una fiera agazapada,
que espera a su presa, o al cazador,
o el momento de volver a tomar tu mano
Aquí está mi corazón, piedra de sal.
Arrúllalo en tu lengua, en el vaivén de tu cadera.
Como un cristal astíllalo. Que nada suyo quede en pie.
Que se le duerma el corazón a mi corazón,
cuando al llorarte, nombre, hueso a hueso,
tu recuerdo: que se le descoyunte cada hora
sobre la soberbia noche, que, roca, me sepulte
la primera sospecha de tu labio.
Que no haya rincón que alcance a ocultar
el suspiro al caer como un hacha sobre el silencio,
que no haya viento, por suave, que no le queme
la carne al pequeño habitante de mi pecho,
que lo ame el invierno como a un animal perdido.
Arrúllalo en tu lengua, en el vaivén de tu cadera.
Como un cristal astíllalo. Que nada suyo quede en pie.
Que se le duerma el corazón a mi corazón,
cuando al llorarte, nombre, hueso a hueso,
tu recuerdo: que se le descoyunte cada hora
sobre la soberbia noche, que, roca, me sepulte
la primera sospecha de tu labio.
Que no haya rincón que alcance a ocultar
el suspiro al caer como un hacha sobre el silencio,
que no haya viento, por suave, que no le queme
la carne al pequeño habitante de mi pecho,
que lo ame el invierno como a un animal perdido.
Pero no le des alas a la esperanza,
muérdela, rómpele el hueso
que sostiene su ternura,
que se llenen de lodo sus vestidos,
por favor, no le des a la esperanza
cristales o ramas para edificar su nido,
envenénale el agua, escóndele las migas
del pan que la alimenta, que la inanición
la envuelva, y por favor, deja que caiga
que no tenga más lecho que la roca;
ahora mismo ladran detrás mío
los perros del desamparo,
y es poco lo que puedo hablar de amor,
porque es poco, apenas nada, una sospecha,
lo que sé de embarcaciones y nudos
para sujetar el mástil de la nostalgia,
y soy, ay, torpe timonel que ha de encallar!
no le des, por piedad, tu carne a la esperanza,
no la dejes que ensortije tus cabellos,
y en coloridas ensoñaciones te engañe,
que no se adueñe de tu voluntad su embrujo,
su canto de sirena, la dulce melodía
de su afilada lengua...
no te dejes atenazar por la esperanza,
déjate caer, Ícaro o rey de Ilión que se enfrenta
a la fauce abierta de su destino
muérdela, rómpele el hueso
que sostiene su ternura,
que se llenen de lodo sus vestidos,
por favor, no le des a la esperanza
cristales o ramas para edificar su nido,
envenénale el agua, escóndele las migas
del pan que la alimenta, que la inanición
la envuelva, y por favor, deja que caiga
que no tenga más lecho que la roca;
ahora mismo ladran detrás mío
los perros del desamparo,
y es poco lo que puedo hablar de amor,
porque es poco, apenas nada, una sospecha,
lo que sé de embarcaciones y nudos
para sujetar el mástil de la nostalgia,
y soy, ay, torpe timonel que ha de encallar!
no le des, por piedad, tu carne a la esperanza,
no la dejes que ensortije tus cabellos,
y en coloridas ensoñaciones te engañe,
que no se adueñe de tu voluntad su embrujo,
su canto de sirena, la dulce melodía
de su afilada lengua...
no te dejes atenazar por la esperanza,
déjate caer, Ícaro o rey de Ilión que se enfrenta
a la fauce abierta de su destino
tengo
la sensación de tus muslos
[en la punta de mis dedos,
la sensación de tus muslos
[en la punta de mis dedos,
la sal, el sonrosado vaivén
[de tus mejillas,
tus glúteos generosos, el sudor
[creciendo
mar fugaz entre las sábanas;
/
tengo
tu nombre
en la punta de mi lengua,
confundido en las papilas
[gustativas,
entre el ácido de tu ombligo
[y el afrutado
vino de tu lengua; me quedan
[restos de ese sabor
a agave que nace entre tus dedos
[y en tu axila,
pero
me pierdo más si pienso en
[tus lunares,
en su diseño intrincado, que
[tengo en la punta
de los ojos, tal cual tú me
[sostienes en la punta
afilada de tus uñas, de tu
[orgasmo
[de tus mejillas,
tus glúteos generosos, el sudor
[creciendo
mar fugaz entre las sábanas;
/
tengo
tu nombre
en la punta de mi lengua,
confundido en las papilas
[gustativas,
entre el ácido de tu ombligo
[y el afrutado
vino de tu lengua; me quedan
[restos de ese sabor
a agave que nace entre tus dedos
[y en tu axila,
pero
me pierdo más si pienso en
[tus lunares,
en su diseño intrincado, que
[tengo en la punta
de los ojos, tal cual tú me
[sostienes en la punta
afilada de tus uñas, de tu
[orgasmo
Apenas llegar tú, apenas verte, incluso, al sospecharte
encallé, deslumbrado por el faro de tus ojos;
quebré cerraduras para que nada se interpusiera
entre tus pasos de felino y mi sueño,
dejé abiertas mis ventanas para sentir tu aroma
crecer como una enredadera por los rincones de mi casa;
pero fue tan grande la inseguridad, tan atroz
el ruido al morder las calles, que desperté
y no habías llegado, y mi casa la habían vaciado
no sé si los impuestos o un ladrón
encallé, deslumbrado por el faro de tus ojos;
quebré cerraduras para que nada se interpusiera
entre tus pasos de felino y mi sueño,
dejé abiertas mis ventanas para sentir tu aroma
crecer como una enredadera por los rincones de mi casa;
pero fue tan grande la inseguridad, tan atroz
el ruido al morder las calles, que desperté
y no habías llegado, y mi casa la habían vaciado
no sé si los impuestos o un ladrón
Podría decirte que la nostalgia
es un cachorro que tira de los tobillos,
gruñe, ladra; si pudiera nos diría
ha llegado el olor de la primera lluvia,
aquí está el papel estraza, y el Támesis fugaz
de la calle Central requiere valerosos navegantes
que se atrevan a conquistar los límites de la tierra,
a conquistar el mar o una laguna
poblada de aves migratorias
como la nostalgia, que picotea
llamando a tu puerta
esta noche antes de la lluvia,
guiada apenas por los últimos cocuyos de la temporada
es un cachorro que tira de los tobillos,
gruñe, ladra; si pudiera nos diría
ha llegado el olor de la primera lluvia,
aquí está el papel estraza, y el Támesis fugaz
de la calle Central requiere valerosos navegantes
que se atrevan a conquistar los límites de la tierra,
a conquistar el mar o una laguna
poblada de aves migratorias
como la nostalgia, que picotea
llamando a tu puerta
esta noche antes de la lluvia,
guiada apenas por los últimos cocuyos de la temporada
Salvador, ¿a quién salvó tu sobriedad, tu cara de chamaco?
hoy, nacen limonares en las púas
que acorralaron, para aquietarlas,
tus manos de guitarro y boxeador
hoy, nacen limonares en las púas
que acorralaron, para aquietarlas,
tus manos de guitarro y boxeador
hey, loco, el rockanrol!
eh, vato, el teponaxtle y el ayuno!
hey morro, al tiro calle Bravo!
Las tardes descargando leña
volteando velas de parafina
las que te velarian años más tarde
es el sol lo que refulge en tu cráneo, atravesándolo?
eh, vato, el teponaxtle y el ayuno!
hey morro, al tiro calle Bravo!
Las tardes descargando leña
volteando velas de parafina
las que te velarian años más tarde
es el sol lo que refulge en tu cráneo, atravesándolo?
Una vez que se ha nombrado la causa
del temblor a media noche,
el batir de puertas sin motivo,
abiertas como la fauce de un animal
que no se decide aún a clausurar
su resuello agónico, el columpiaje del último respiro,
que no llega ni se asoma, tímido
visitante por el ojo torvo de la ventana;
una vez que el nudo donde empieza a romperse
la casa de cristales del sosiego
se ha reconocido como un hijo propio
un hijo al que se teme con fervor de hiena,
y se recogen las pertenencias del abandono,
es pertinente asegurar las hendiduras,
tapiar grietas y persianas, envolver
en espinas los espejos de la casa, sus ojos;
del temblor a media noche,
el batir de puertas sin motivo,
abiertas como la fauce de un animal
que no se decide aún a clausurar
su resuello agónico, el columpiaje del último respiro,
que no llega ni se asoma, tímido
visitante por el ojo torvo de la ventana;
una vez que el nudo donde empieza a romperse
la casa de cristales del sosiego
se ha reconocido como un hijo propio
un hijo al que se teme con fervor de hiena,
y se recogen las pertenencias del abandono,
es pertinente asegurar las hendiduras,
tapiar grietas y persianas, envolver
en espinas los espejos de la casa, sus ojos;
para sobrevivir en el desierto,
el pequeño hombre recoge
ramas secas que lo espinan,
un nutrido grupo de hormigas rojas
han irritado la carne de sus brazos,
pero insiste en alcanzar la noche
en tocar el torso gélido del firmamento
ahora que su garganta se cierra
como el puño de un humillado,
y no alcanza a balbucear su nombre,
ha decidido alcanzar la frontera del sueño,
atravesarla como el cuchillo
atravesó el agitado corazón del cerdo,
una mañana que no sabe fijar en una fecha,
de la que sólo recuerda
los chillidos del animal, la inesperada sangre;
ha decidido cruzar la frontera del sueño,
sabe que navega sobre un mar de arena
que en el fondo hallará, tal vez,
un lecho de agua
el pequeño hombre recoge
ramas secas que lo espinan,
un nutrido grupo de hormigas rojas
han irritado la carne de sus brazos,
pero insiste en alcanzar la noche
en tocar el torso gélido del firmamento
ahora que su garganta se cierra
como el puño de un humillado,
y no alcanza a balbucear su nombre,
ha decidido alcanzar la frontera del sueño,
atravesarla como el cuchillo
atravesó el agitado corazón del cerdo,
una mañana que no sabe fijar en una fecha,
de la que sólo recuerda
los chillidos del animal, la inesperada sangre;
ha decidido cruzar la frontera del sueño,
sabe que navega sobre un mar de arena
que en el fondo hallará, tal vez,
un lecho de agua
Arder, hundirse, astillar la noche, ese cristal!
Y luego el verbo, la conjugada roca
que habrá de agrietar el cráneo
de la soledad, ah! la rabia galopante,
este crujido en el bajo vientre, como de huesos
qué entrechocan, dientes que se mellan
el filo, acero que golpea, para templarlo, al acero,
ay! escurrirse entre los dedos de la nostalgia,
alimentar a los perros del insomnio,
y hundirse, atado de los pies a un trozo de granito
o bruta piedra, en el corazón del Rhin,
danzar con los demonios, abrir la grieta
como quien abre una ventana, dejar que al aire
ventilar la tristeza, sacudir las telarañas,
destapar otra cerveza, aullar, apenas caída la noche,
aullar, aullar, que no venga la aurora
que habrá de agrietar el cráneo
de la soledad, ah! la rabia galopante,
este crujido en el bajo vientre, como de huesos
qué entrechocan, dientes que se mellan
el filo, acero que golpea, para templarlo, al acero,
ay! escurrirse entre los dedos de la nostalgia,
alimentar a los perros del insomnio,
y hundirse, atado de los pies a un trozo de granito
o bruta piedra, en el corazón del Rhin,
danzar con los demonios, abrir la grieta
como quien abre una ventana, dejar que al aire
ventilar la tristeza, sacudir las telarañas,
destapar otra cerveza, aullar, apenas caída la noche,
aullar, aullar, que no venga la aurora
Se abraza lo roto, las heridas
que se olvidaron de cerrar sus puertas,
se abraza la desesperanza, lo terrible,
se le maquilla con fuegos fatuos, con artificios
y la delicadeza de quien amansa un huracán
para decir que se ha sobrevivido, que no hay daño
en la estructura ósea del delirio,
para negar la amputación del maxilar inferior del corazón,
el hombre señala el fuego, dice
he conseguido atravesarlo, esta pequeña quemadura
da fe de mi aventura, esta curvatura
en el horizonte de mi ojo izquierdo es fiel testigo,
pero miente, es su miedo el motor que lo impulsa,
el ser salvo, el permanente signo de su cobardía
de haber vivido, de haber amado con cada fibra de su coraje,
de haber saltado sobre los precipicios
como quien salta entre charcos dejados por la lluvia,
consumirse hasta la ceniza era la única opción
que se olvidaron de cerrar sus puertas,
se abraza la desesperanza, lo terrible,
se le maquilla con fuegos fatuos, con artificios
y la delicadeza de quien amansa un huracán
para decir que se ha sobrevivido, que no hay daño
en la estructura ósea del delirio,
para negar la amputación del maxilar inferior del corazón,
el hombre señala el fuego, dice
he conseguido atravesarlo, esta pequeña quemadura
da fe de mi aventura, esta curvatura
en el horizonte de mi ojo izquierdo es fiel testigo,
pero miente, es su miedo el motor que lo impulsa,
el ser salvo, el permanente signo de su cobardía
de haber vivido, de haber amado con cada fibra de su coraje,
de haber saltado sobre los precipicios
como quien salta entre charcos dejados por la lluvia,
consumirse hasta la ceniza era la única opción
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