que se olvidaron de cerrar sus puertas,
se abraza la desesperanza, lo terrible,
se le maquilla con fuegos fatuos, con artificios
y la delicadeza de quien amansa un huracán
para decir que se ha sobrevivido, que no hay daño
en la estructura ósea del delirio,
para negar la amputación del maxilar inferior del corazón,
el hombre señala el fuego, dice
he conseguido atravesarlo, esta pequeña quemadura
da fe de mi aventura, esta curvatura
en el horizonte de mi ojo izquierdo es fiel testigo,
pero miente, es su miedo el motor que lo impulsa,
el ser salvo, el permanente signo de su cobardía
de haber vivido, de haber amado con cada fibra de su coraje,
de haber saltado sobre los precipicios
como quien salta entre charcos dejados por la lluvia,
consumirse hasta la ceniza era la única opción
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