23 mar 2020

Güeso roto

No el que alcanza para tallar vasos,
incensarios, flautas, collares
para el delicado cuello de la amada en cuestión,

es algo más cercano al ánimo, algo de hombre
desvencijado sobre su bolsa de años,
algo de la cuarteadura imposible del sosiego,
hundirse palmo a palmo en el fango
de la nada, con el alma relinchando
como un caballo que revienta de cansancio en la madrugada;
de eso hablo, de un hacha que alguien más blande
a ciegas sobre el pecho, o lo que es lo mismo,
sobre un leño reseco, y hace saltar la astilla sobre el ojo,
y mella el acero, y todo descompone,
todo sume en su entuerto de torpeza,
y nada se salva de quedar agonizando,
de lanzar la última cornada al aire,
este atacar a nadie a dentelladas,
recurso último del que sabe está cayendo
aunque a otros ojos parezca tan solo
la danza grotesca de un ciego antes del tropiezo

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