ya no cabe tu suspiro en el intersticio
de mi adormecido pulgar y el índice que amó
la humedad de tu madrugada.
Ya empuñé mi tristeza, amor,
y me he despedí, aunque doliera,
de las cosas incorpóreas
que alcanzaron a nombrarnos.
Dije adiós, amor, y sin hacer maletas,
he retomado el camino, y sonriendo
agito la gaviota blanca de mi pañuelo.
Ya no te pertenezco, es cierto,
y he soltado ya tu mano para huir
cómo solo sabe hacerlo un vencido.
Ya he cerrado mi puño, amor, ya palpita
mi corazón en el desierto,
ya se desangra mi pasión en el destierro
No hay comentarios:
Publicar un comentario