6 may 2023

cierra, por mí, tu puerta, corazón
que no dé un paso en falso,
que no trastabille dentro tuyo
esta perpetua borrachera


pon luto a tu abrazo, corazón,
corta las flores del jardín vecino,
siembra el otoño y su desnudez
sobre esta tierra, que nada germine
 

y en este polvo, corazón, baña tu carne
cúbrete ahora con mi ceniza,
ya te he visto recorrer los campos yermos
donde dormirá mi cuerpo,
nudo de músculo y nervio, de sangre
y ofuscada depresión, aquí está mi lecho:
abierto como un cerdo en canal
yo soy mi lecho, y me desangro,
y gimo y levanto mi copa, y quisiera,
pero estoy negado para el baile 


2019 06 13

2020 09 13

 Una tarde de 2009, entre el 5 y el 10 de noviembre, un grupo de estudiantes tomamos la universidad. El motivo no lo recuerdo bien, pero recuerdo que éramos más bien pocos. Sabíamos que los grupos porriles al servicio de Antorcha Campesina estarían dispuestos a la agresión. Que el grupo de futbol americano, Los Toros Salvajes, al servicio de la rectoría, también estaría bien dispuesta a reventarnos. Pero nada de eso paso, a excepción de algunas discusiones acaloradas con militantes de Antorcha.
Lo que yo no sabía es que a medio día, muchas cosas comenzarían a definirse y a configurar los siguientes años de mi vida.
Por ese tiempo, indisciplinado como era, tenía el pelo largo y era mucho más desordenado que ahora. Salía con una chica hermosa y turbulenta. Vivíamos juntos en un cuarto estrecho para mi gusto y costoso para mi presupuesto.
Entonces, ese día, ella llegó a la puerta donde yo estaba. No pasábamos por un buen momento, y nos apartamos del grupo para platicar. Me dijo que se marchaba. Que las cosas no estaban funcionando. Traté de negociar una salida porque no quería perderla pero ya sabía que eso iba a suceder. Acordamos un mes más. Una de las condiciones fue cortarme el pelo. Acepté.
Todavía recuerdo la cara compungida de la mujer que me lo cortó. Hizo lo posible, al final, por recuperar mi greña y con ella hizo una trenza que me obsequió. También hicimos una trenza mucho más pequeña con el primer mechón que cortó su tijera, y que se quedó Carmen. Su pequeño trofeo.
Unos días más tarde participé en una obra de teatro en Cuetzalan, Puebla; era el aniversario de una organización campesina, y allá andábamos, haciendo trabajo político y teatral.
Esa tarde, terminado el evento, nos invitaron a comer a la casa del responsable regional. Ahí, un amigo me invitó a Chiapas. Sabía que no la estaba pasando bien y que en abril había estado por ese rumbo, ayudando con algunos pendientes tras la detención del vocero de la organización en aquel estado. No dudé en acompañarlo. El plan era ir a la selva chiapaneca, organizar algunas acciones y volver pasado el aniversario de la revolución.
Pero en el camino, la dirección política definió que mi cuate se dirigiera a su destino, y a mí me enviaron a la zona limítrofe con Tabasco, a donde había estado meses antes.
Ese rumbo, sin proponérmelo, se volvió mi hogar durante tres años y medio. Luego vine a Veracruz, y acá llevo casi ocho años.
Todo por ceder la cabellera.

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Primeros pasos en la tierra. Primeros días en el sureste. Abril 2009

Simojovel de Allende, Chiapas

Puedo decir sin pudor esta fotografía encuadra un factor determinante para el principio de mi enamoramiento a una tierra de la que en aquel momento apenas conocía el nombre: Chiapas. Ese año, 2009, el palurdo y atrabiliario gobernador chiapaneco había decretado el año del poeta Jaime Sabines, haciendo obligatoria la pinta de muros con fragmentos de la obra del buen poeta, pero yo no lo sabía; así que los muros que habían sido obligatoria tarea para pupilos y profesores de todo nivel educativo, para mí significó un gesto de profunda belleza de la que aún guardo tan siquiera esta imagen.
Habría preferido guardar esa otra que alguien pintó en una casa de adobe cuya fachada se empezaba a desmoronar desde el piso avanzando hacia el techo de teja, y que si bien en un principio rezaba "Te desnudas igual / que si estuvieras sola, / y entonces descubres / que estás conmigo", para cuando la vi por primera vez, ya la última línea de ese fragmento apenas se alcanzaba a adivinar, y cuando me marché, ya sólo se alcanzaba a leer "Te desnudas igual / que si estuvieras sola". Pero los avatares del viaje, la cámara extraviada en un viaje pleno de alcohol y paisajes a las orillas del lago de Pátzcuaro, el desamor, el duelo por José Ángel, me llevaron a quedarme sólo con ésta que ahora muestro.

 

 No hay ninguna descripción de la foto disponible.

 quiero escribir tu nombre y que al hacerlo broten de la tinta aves de plumajes cuya tonalidad se confunda con la del atardecer, que al nombrarte cualquier espejo se vuelva faro de la habitación que lo contenga, que la tristeza se me caiga de la carne como un bicho que uno arroja hacia el vacío con un gesto apenas perceptible; que nadie sepa de las cosas que aún me hieren cuando te adentras en el horizonte, y que de a poco, después de masticar las formas tiernas de tu nombre, se acomode en su sitio el maxilar de la tristeza, ese perro que aún ladra al oír mis pasos por la calle donde siempre llueve y dejaron hace tiempo de crecer las margaritas; quiero escribirte cartas largas y que se enreden mis palabras en tu pelo y en tu sueño, que este modo de andar sobre la ausencia nos acerque y al inventarnos nos descubra devotos en la voz, en la mirada, llenos de hambre por el otro, que en la distancia mi eco alcance para tomar tu mano cuando vas por la calle hacia sitios que ignoro, y podamos decir a coro esa palabra tan difícil de tejer que nos conmueve tanto y nos estremece hasta el cimiento

 

2023 02 27

 

déjame decirte que hay navajas que pasaron de largo por mi carne cuando llegaste, que prometí, en silencio, poner a tu nombre mi tristeza y la alegría de los días en que nada, ni las aves oscuras que pueblan el follaje antes del invierno me perturban, que puse a un lado la oscura palabra que me acompaña cuando a solas sueño que el mundo es un cubo estrecho en el que se ahoga mi grito para disfrutar el sonido de agua fresca que corre entre las piedras de tu voz, que supe apreciar la calma que da mirar el mundo a solas, pero al encontrarme contigo tuve la clara seguridad de que hay paisajes cuya coloración no querría ver más que en tu compañía, que de nada me valdría desgarrarme el cristalino frente a sus ocasos luminosos si no estás tú para ayudarme a mirar las formas cálidas del crepúsculo

2023 02 28

 

para hundirme en las aguas revueltas del río escalón
y echarme a dormir entre macabiles y anguilas de río,
la música que nace en tu garganta;
para acudir sin demora a los ocasos del cerro de los tres picos,
el murmullo de tu palabra en mi oído;
para encumbrar las laderas del cerro colorado antes del amanecer:
el recuerdo de tu voz al entrecerrar el ojo;
para echar de la casa a la tristeza,
para que la angustia pacte una tregua,
para buscar las huellas del tepescuintle en la montaña:
el tarareo de tu voz cayendo rocío sobre mis hombros;
 
para soñar que miro la aurora a orillas del Ganges,
rodeado de elefantes que desconocen el olor de la pólvora:
el recuerdo ligero de tu mano en mi mano;
para salir al encuentro de música que no comprendo
pero me recuerdan a Schumann al saltar al Rhin,
para llegar a Borneo antes que la lluvia o la palabra de Georg Trackl,
para escribir sobre un naufragio a las afueras de Lisboa,
para hablar de cataclismos sin que me tiemble la escritura,
mi sombra atravesada por el hilo de tu sombra;
 
para que se duerma la perra desesperación,
el bálsamo de tu palabra entrando como aguja
a reparar el boquete de mi pecho;
para volver al mar y descubrir en su playa
el asombro y la necesaria esperanza:
tu palabra reverberando en el caracolar
de la memoria, a salvo del salitre y de la espuma
 
para ser derrotado,
para salir al encuentro del asombro,
para extraviar y reencontrar el mundo,
para probar nuevos frutos de sabor incierto,
para creer de nuevo en la poesía,
para salir a salvo de entre el fuego,
tu voz, tu tacto, la sombra de tu sombra,
el eco de tu voz al inundar mi soledad
 
2023 03 08

3 may 2023

jaiku selvar

 

¿a qué bajas al río, zopilote?
¿a lavar olores de carroña
o a cazar peces que nadan panza arriba?
 
2023/03/08

 

por eso vuelvo siempre a la poesía
porque me salva con su cuchillada
el dolor que dentro suyo encuentro
es un alivio
un aire de cuchillas que me lame
el rostro sin herirlo.
la poesía es la herida sin sangre
sin más dolor que la belleza
(la del abandono, los fantasmas, el frío,
la belleza de quedarse terriblemente solo,
la del amor que no desgarra)
y de ella bebo cuando el mundo
cierra sus puertas sobre mis falanges
de muchacho distraído en la reyerta
para apaciguar mi sed
esta sed de echarse al fuego
como un dios de la creación o el caos
 
2023/03/19

 

Hablar de ti es horadar la madrugada a sorbos lentos, pastorear el rebaño inagotable de la ternura y el deseo, abrir los brazos ante el aguacero torrencial y cerrados los ojos agradecer por la humedad de tu entrepierna y de tu lengua entrelazada en la lengua y en la entrepierna mía.
Hablar de ti es caminar en placenteros círculos, paladear por vez siempre primera la suavidad ajena de la carne, moldear a ciegas el único paraíso entre hombre y mujer, las privadas horas en que naufragio significa siempre salvación, romper el cielo a dentelladas.
Recordarte a ti es abrir los ventanales en verano, dejar correr al viento sus silbidos por la casa y la memoria, desdoblar el polvo, ahuyentar el carnaval fantasmagórico de tu inocultable ausencia.
 
(Cartas para una mujer que no conoce el mar, 2016)

 

maduran los frutos en el aire,
con el pavor de la caída.
silenciosos, desafortunados
 
así caigo: estruendoso
hielo que se deshace
en el corazón de la tarde
 
(poemalos de una década olvidada)

 

cuando escribí de amor fue para no decirlo. por alargar o perpetuar la despedida. por cobardía. por la certeza de la derrota. por negarme vulnerable. porque esperé que el azar pusiera aquellos ojos sobre lo mal escrito de mi mano. sé que no sucedió así. sé que si alguna vez me fue dado conocer el placer y el tormento del amor ha sido por cualquier otra razón y no por mi bramido escrito. pero soy terco y sigo escribiendo de amor con desespero, aguardando por el azar, pero encendiendo velas al olvido. que otros que no sean ella -quien quiera que sea ella- lean este barruntar repetitivo y lo olviden luego.

2023/03/09

 

para hundirme en las aguas revueltas del río escalón
y echarme a dormir entre macabiles y anguilas de río,
la música que nace en tu garganta;
para acudir sin demora a los ocasos del cerro de los tres picos,
el murmullo de tu palabra en mi oído;
para encumbrar las laderas del cerro colorado antes del amanecer:
el recuerdo de tu voz al entrecerrar el ojo;
para echar de la casa a la tristeza,
para que la angustia pacte una tregua,
para buscar las huellas del tepescuintle en la montaña:
el tarareo de tu voz cayendo rocío sobre mis hombros;
 
para soñar que miro la aurora a orillas del Ganges,
rodeado de elefantes que desconocen el olor de la pólvora:
el recuerdo ligero de tu mano en mi mano;
para salir al encuentro de música que no comprendo
pero me recuerdan a Schumann al saltar al Rhin,
para llegar a Borneo antes que la lluvia o la palabra de Georg Trackl,
para escribir sobre un naufragio a las afueras de Lisboa,
para hablar de cataclismos sin que me tiemble la escritura,
mi sombra atravesada por el hilo de tu sombra;
 
para que se duerma la perra desesperación,
el bálsamo de tu palabra entrando como aguja
a reparar el boquete de mi pecho;
para volver al mar y descubrir en su playa
el asombro y la necesaria esperanza:
tu palabra reverberando en el caracolar
de la memoria, a salvo del salitre y de la espuma
 
para ser derrotado,
para salir al encuentro del asombro,
para extraviar y reencontrar el mundo,
para probar nuevos frutos de sabor incierto,
para creer de nuevo en la poesía,
para salir a salvo de entre el fuego,
tu voz, tu tacto, la sombra de tu sombra,
el eco de tu voz al inundar mi soledad

2023/03/08

 

para esperar la maduración de los plátanos, tu mirada
para encender la luna en cuarto menguante
y atravesar la selva, el arco de tu sonrisa
para soñar un pez cuyas escamas,
al caer, fundan ciudades donde el fuego
no es amenaza sino cobijo: la fiesta de tu nombre
para salir al mundo, para buscarle las formas
a las nubes, para escuchar por fin
el canto de las aves en la tormenta,
el musical arroyo de tu voz
 
 2023/03/04

 

Líbrame de ti, señor de todas las angustias,
de tu heridor tacto cardenche
guárdame de entrar en tu doloroso templo
señor de todas las confusiones;
señor de la vehemencia desbocada
en tu mano pongo mi espíritu asustado
y te pido, encarecido, aunque insista
aunque clame por tu zarpa en lo desierto,
no me admitas en el cadalso de tu templo:
déjame caer, inmisericorde, abjura
de esta carne hecha tormenta,
rechaza este temblor de nervaduras,
que no halle nunca tu consuelo de navajas,
señor de todas las angustias crecidas pecho adentro

2023/03/04

 

dicen los exotizadores de mi lengua que para decir que se extraña a alguien, se usa la frase "mis temoa no yohlo", y se ha hecho popular entre los bienintencionados entusiastas de las pobrecitas lenguas indígenas -asco de concepto- que hablan nuestros indígenas en peligro de extinción; una frase que, además de nunca haberla escuchado en comunidad alguna donde se hablase nawatl, ni en Puebla, ni en Guerrero, ni en Veracruz, tiene toda la estructura de una oración en castellano: te busca mi corazón. una traducción hecha al ahí se va, burda por donde se le quiera ver. todo más falso que un billete de tres pesos.
recuerdo que mi abuela usaba un término que puede ser equivalente: nikonyolmatstika (le echo de menos), nimitsyolmate (te echo de menos). que malamente podrían decir algo como te siento en el corazón, y la viejita Ana lo empleaba para manifestar preocupación por sus hijos o sus nietos cuando andaban fuera, borrachos o estudiando o trabajando, o perdidos, o todo lo anterior, y ella sentía no sin pena que andábamos en su corazón pero ella quería vernos
 

 

Colotlipa es una población de Guerrero a la que nunca fuí.
Si la memoria no me engaña, durante algún tiempo mis abuelos comerciaron velas en la feria de ese lugar, que además de ser un santuario católico es un centro aglutinador de nahuatlahtome de la región montaña-centro del estado. Ahí llegan pues, durante un festejo de la semana santa, a congregarse para rendir culto al santoral cristiano, pero por la afluencia seguramente hay algo más allí que desconozco o que se ha perdido en el tiempo. Desde luego, la afluencia religiosa va de la mano con el florecimiento del comercio, y los paisanos son duchos para el arte de la venta, que requiere paciencia para las horas muertas y más paciencia para las horas agitadas de la venta.
Así que además de velas para los altares del santuario, se comerciaba con un sinfín de mercancías propias de la ruralidad y con el paso del tiempo, también de la actualidad. Así, al lado del puesto de velas y plátanos pasados -una delicia pegajosa y dulcísima- podía convivir el alfarero, la vendedora de frutas, de mandiles, la bisutería, los cd's y películas piratas, o el hombre que apostado frente a un costal de yute ofrece cacahuates asados que mide con un recipiente de acero que tasa litros mientras ve pasar al nevero, al gritón de las ges-latinas, a la doña que a pie recorre calle tras calle vendiendo ajo y cebolla criollos, o el vende chintetes.
Entonces Colotlipa fue un nombre recurrente en el diálogo cotidiano de mi tiempo en Guerrero. Un nombre que aprendí a imaginar, lejano e inaccesible, pero lleno de vida al arribar a sus calles.
Aún ahora, cuando la mencionan, la imagino como una ciudad enorme, rural e inmensa, creciendo hacia los bordes del mundo, bajo un sol deslumbrante; por sus calles imagino que corren alacranes acostumbrados a las personas, que el centro es el sitio menos concurrido y tiene una fuente en medio que no funciona, pero a nadie le importa porque al pie de una montaña, la única montaña, reseca y solitaria, mana un caudal de agua fresca que no merma nunca, y en la cima de esa montaña está construido un santuario siempre populoso.
Ahora, porque hace rato leí una publicación sobre Colotlipa -tierra de alacranes-, y aunque sabía que estaba no le había imaginado un sitio, me daré a la tarea de darle al tianguis una ubicación precisa en el ejercicio de mi imaginación.
 
2023/02/18
 
No hay ninguna descripción de la foto disponible.
 
 
* * *
 
La fotografía es de Kaimen Pabe a quien agradezco que con su post me haya hecho salir al encuentro de la -para mí- soñada Colotlipa, y es la imagen de ese manjar que menciono, el plátano pasado, al que mi persona asocia a otra feria en la mera montaña, donde las arenas son extensas y las sequías prolongadas.

 

moyolika
 
suele emplearse para llamar al sosiego cuando uno parece superado por el esfuerzo. pero dice más, habla de retomar el ritmo del corazón, de acompasar temple y fuerza para llevar la tarea a término
 
Tlatecoyahtoc
alcanza para decir que una casa está abierta, sin nadie dentro que la cuide. pero es más: nombra algo cuyo dueño se ha ido, un mundo sin dios, el abandono total, así sea pasajero.

Arrasarás mis ciudades, mis alcayatas todas y las torres caerán cuando tú vengas: no habrá muro o fortaleza que se te oponga. depuestas ballestas, lanzas, jabalinas, arcos, espadas, cuchillos, torres de asedio, gladios, hachas, escopetas y arcabuces de mi armada, disuelta la caballería, tendrás para ti sola el pendón del vencedor. aquí están palabra, cuerpo, abrazo, sangre: territorio abierto a la espera de tu reinado

2023/01/28

 

ya luego de llorar lo acontecido
se va uno entre la sombra
en busca de silencios o de hierba
donde poner la huesadumbre
a descansar un rato
allí donde no grite el zanatal
su hambre siempre de espejitos
allí donde ni piedra ni serpiente
sobresalte la carne puesta al sueño
después de sollozar por lo dolido
después de ensilenciarse la llorada
buscarse uno soñaderas
donde mirar se pueda lo que escuece
y hacerle una caricia que no duela
ya luego despertar y hacerse viejo
saber que lo que sigue es sajadura
y cicatriz bajo el cuchillo de los años
carne que se ha de abrir de nueva cuenta
que todo lo que sangra cauteriza
y toda cicatriz un eco que palpita
 
allí se crece el corazón otro pedazo
dispuesto a sacudirse frente al miedo
y todo lo llorado se nos queda
por dentro del pellejo bien marcado
marcado como acero de marcaje
que se pone a bestia recién apotrerada
que bufa y en el relincho se retuerce
tratando de librar los sogadales
del duelo y las tareas interminables
y no hay manera de saltar el alambrado
ni vuelta al monte en lo salvaje
solo este pastizal de estar dolido
mascando yerbajales bajo el sol
rumiando lo que rumia el que está herido
 
2023/01/18

 

¿alguna vez sentiste de pronto, después de un largo rato de pesada calma, que algo terminaba por quebrarse adentro del ánimo, y mientras veías a las gatas maullar de hambre, sentir cómo de a poco se te iba enrollando la fuerza y se te cerraba el ojo y no hallabas ni un resquicio donde poner la zarpa, el más mínimo agrietaje donde agarrarse en la caída, y entre tanto le dabas vuelta a una sola cosa, una sola que de tan sola resultaba que era un montón de otras simples brutales y devastadoras cosas, historias, suposiciones, dolencias y malentendimientos, cosas que no terminan de estar claras en su detalle pero sabes también que ahí, de haber, habría el espejismo y el laberinto y la confusión y es mejor poner a un lado el impulso de clarificar lo de por sí turbio debajo de toda la turbiedad que precedió a aquella madrugada y continuó por meses y meses de dolido enrabiataje, sin que a la fecha parezca remitir, pero qué importa si lo que importa de verdad es alcanzar esa palabra tan lejana de sí misma y de esta tierra, la justicia, y te preguntas cuántas balas fueron expulsadas de cuántas bocas de cañón de rifle de asalto o escuadras, empuñadas por cuántas manos y cuántas habrán temblado y aún más, cuántas habrán actuado con la inercia aprendida del ejercicio constante, de quién usa una herramienta repetidas veces antes puesta en funcionamiento, y te preguntas pero es inútil, lo sabes, qué pasó por la cabeza de aquel compa, tu curiosidad o morbo te espolean aunque les pongas freno, qué habrá sentido al saberse herido, al ver que lo arrastraban calle abajo, al saber que ahora sí como decía aquel mensaje al celular que envió meses atrás con esa claridad casi adivinatoria, que el destino de su firme consecuencia en el actuar le deparaba una muerte violenta, seré arrastrado y destrozado, decía el mensaje, o que, tal como afirmaba después de la persecución política y la cárcel y el desplazamiento forzado y el exilio de su estado natal, lo único que restaba, lo último que podría hacer el estado en su contra era arrebatarle la vida eso tan fugaz que no le daba pena perder sino perder sin haber hecho lo suficiente sin dejar tras de sí nuevas manos con el suficiente arrojo para tomar la bandera y seguir el camino ya trazado, y te preguntas cuatro años más tarde, cuarenta y ocho meses después de aquel ataque artero, bañado de impunidad por las alianzas hechas entre sus asesinos y el poder emergente en el país, ese poder necesitado tanto de aprobación como de control político y social que no dudó al enarbolar las banderas de los desposeídos mientras bajo la mesa pactaba con los asesinos y los saqueadores y los sinescrúpulos de siempre, te preguntas si te acompañará el temple para sostener la palabra dicha o huirás un día edificando muros de nostalgia y razones que sabrás son nimiedades pero te servirán de remo en ese alejamiento no tanto por necesitar la excusa ante los otros sino ante ti mismo, para aquietar las bestias de la culpa, o si aún en la distancia te morderá ese perro del recuerdo y tu formación cristiana te pondrá, siervo de la expiación no pedida, a rezar avemarías solidarios y silicios de conciencia, sitiado para siempre en una batalla inútil a dos bandas entre tu deseo y la consecuencia, o elegirás caer como un ángel al abismo de un edificio o de un vehículo en circulación, o el beso de fuego de una pietro beretta comprada a una viuda en el lejano pedregal de yerbajales, castañeteando de frío y nervios, que desde entonces te acompaña y entonces vuelves a pensar en las cosas pendientes y olvidas de momento la angustiosa pregunta, las brumas bajo la bruma espesa de los días que antecedieron y sucedieron a aquella madrugada violenta de dos mil diecinueve, un día antes de la explosión en ese pueblo de Hidalgo de nombre tan cargado de poesía, Tlahuelilpan, cuando el timbrazo del celular te arrancó del sueño para avisar que los paramilitares habían entrado por Noé y se lo habían llevado y solo quedaba por hacer, en la distante gélida sierra veracruzana, la espera aunque ya sospechabas todos sospechaban casi el desenlace de la jornada, y vuelves a sorber el sollozo amargo, estás casi viejo y aunque quisieras avergonzarte no hay vergüenza, vergüenza te da no haber podido más, otra cosa más que aguardar el expectante paso de las horas, revisar el horizonte, ordenar la palabra y el ánimo, esperar el golpe con la esperanza flaca de alcanzar a esquivarlo, pero cómo se esquiva un golpe de ese calado, y responder con un movimiento equiparable, y pones a un lado una vez más la divagancia y esquivas el jab que te lanza la tristeza, la mano que sobre ti quiere poner la desesperación y te encoges de hombros y dices ya ni modo, a lo que sigue, que es que paguen aunque la justicia vaya más lenta que caracol con artritis, algo has de hacer, hay que sacudirse el polvo del miedo que a veces termina por cubrirlo a uno como a mueble viejo en casa abandonada, y sientes el cansancio o el bajón en el párpado y en el espaldaraje, y piensas ojalá pronto venga la noche, ojalá vuelva a mirar el cielo estrellado de esta sierra, alguna vez te dió por sentir así el cansancio?
 
2023/01/17

Soneto XCIX

 


¿He de volver a ser materia viva, este conjunto
amorfo de entropías, la misma sangre y el cúmulo
de fuegos que mi ser consumen? ¿Seré el lúpulo
o la cizaña que inunde el campo, el nuevo difunto
 
de futuros días, habré de ser otra vez roca, nulo
follaje, o el andamio de un castillo? ¿Qué, pregunto,
habré sido en otras horas? ¿La carta sin asunto,
que habló de amor, el enemigo al que estrangulo?
 
Si he sido polvo humilde, si hierba altiva, torpe metal,
¿importará a la postre, a los escribas, al infinito
paso de los días sobre los días, hará mella fatal
 
a lo que he sido y lo que malamente llevo escrito?
¿Será mi huella, visible entre el extraordinario panal
del universo, o me devorará la nada, el infinito?
 
2017 ?

 

dormir como se duerme si se sueña
morirse cuando el sol iza su aurora
dormir si el corazón se decolora
dormir cuando el dolor de ti se adueña
 
volar cuando la risa sea pequeña
volar si la palabra ya no llora
crecer como raíz que al suelo ignora
volar para ser buitre o cruel cigüeña
 
poner la carne al sol en una ofrenda
vendar el ojo al huracán que llega
cribar la sangre si la angustia crece
 
poner al fuego a dios y su encomienda
prender fuego al hogar como quien juega
morder la flor de olvido que adormece

2023/01/08

 

se me prendió el castilla a la palabra
y todo mi enunciar del mundo
o su poquita cosa vista de mis ojos
se me enrolló sin alharaca
a la garganta y ahí dió su fruto
quiero decir entonces que no es queja
ni amargo recelar lo hablado
apenas atarle un adjetivo a esto ajeno
que sin embargo de tanto y tanto
tremolar su verbajal y sus silencios
me hormó a pesar mío la voz
y los decires con que digo que me soy
esto que sin ser mío me puse camisa ajena
y salí al baile y ya no supe de lo que propio puse
en a un ladito como esperando mejor tiempo
como al descuido como quien no quiere la cosa
y ahora me digo tengo que encontrala
 
2022/12/03

 

¿Quién cantará mi desventura,
mi agonir sin pausa ni sosiego?
¿Quién en el beso me hará fuego,
vano carbón, ceniza oscura?
 
¿Quién me dará lo que hoy entrego,
la palabra gris, la paz y la cordura?
¿Volveré a pastar en la amargura,
feliz entre lo amargo, sin sosiego?
 
¿Quién me dirá que fui retrato
de mi padre, casi un espejo?
¿Quién me hablará del corazón
 
que ya perdí (me queda un gato),
perdido como voy entre vencejos,
ladrando de migraña y depresión?
 
2022/11/22

Sonetos pa rellenar las caries al olvido

 

soñé la rosa y desperté en la espina,
dolido el esternón y la costilla:
el huesadal torcido, todo astilla,
sangrado y moribundo entre la ruina;
 
borracho y sin dinero en la cantina
canté sin afinar lo que me trilla,
lo que me saja el pecho y lo agavilla:
la sospecha de ti tras cada esquina;
 
soñé el placer y desperté en el frío,
tu sombra vi llegar y era espejismo,
también tu voz, espejo del abismo,
 
fantasma de mi sueño, eco vacío;
quise soñar que no soñaba, necio:
dolido de añorarte pago el precio
 
2022/11/20

 

Amé tu sombra primero
sin saber tu melodía.
Amé tu sombra en enero
Porque mayo me dolía.
 
En el río lavé mis penas,
en el amel mi quebranto
y a un lado del camposanto
me bebí unas nochebuenas.
 
Andaba solo, te digo, solo
con mi sangre a cuestas
con solo las ropas puestas
y la querencia sin dolo.
 
Yo no me quería perder
en tus ojos contrabando.
Yo no te quería querer
pues andaba naufragando.
 
Y aquí me tienes ya ves
cual borrego en matadero:
en mi pecho está tu acero,
y mi yo entero a tus pies.
 
2022/11/10

 

soñé que me crecía, por dentro,
la sarna del olvido,
que de a poco se extraviaron
de mi habla algún recuerdo
tres formas de nombrar la misma cosa
y el dolor de la primera herida
 
soñé que todo se iba yendo
como si de pared que descascara
se tratase
primero la pintura,
después por el repello
y finalmente el adobe mordido
de aguaceros y de viento
 
y así se fue alejando
palabra por palabra
aquel sonido del mar o de febrero,
el olor parafinal de aquella casa
que no era mía pero era mía,
de los manjares que a la muerte me esperaban,
 
y así fue que fui olvidado
de tan, sin darme cuenta, haber perdido
memorias del que fui cuando fui chico
y no supe volver a aquel paisaje
 
2022/11/07

 

en cada forma de la tarde
soñé sin mí la agrietadura
el hosco laberinto de la herida
soñé romperse el agua o la sed
o la palabra puesta en sombra
y hecho ladrido desperté
sin más gruñido que nombrarte

2022/11/06

 

no vino por mí la flaca
la esperé toda la noche
sin dormir, muy preocupado
 
quién me iba decir, calaca,
que traibas tu tololoche
y yo en balde desvelado
 
que andabas de fiesta en fiesta
cantando penas de amores
¡cerveza en mano, señores!
 
bailando andabas, funesta,
todo en ti era risa y apuesta;
y uno aqui entre petricores
 
sin saber tu paradero,
sin saber de tus andanzas
rosarios conté, y alabanzas
 
al dios más viejo y más fiero
yo que te quise primero
con velos y contradanzas
 
yo que te quise primero
con el corazón desnudo
fui el último, no lo dudo,
 
en tu listado postrero.
El último y así te quiero
con el corazón en nudo
 
2022/11/01

 

tu nombre resuena entre las cosas que me son más queridas
tu ausencia arde entre las cosas que son más que heridas

 

¿qué fue de mí, de aquel feral mocoso
que soñó, sin conocerlo, todo el mar
con sus ocasos, su oleaje y su bramar
como de abismo o de infinito foso?
 
¿será que muerto o viejo de naufragar
pervive, arena o polvo silencioso?
¿será que tuvo, para sí, un glorioso
instante de lucidez en altamar,
 
antes del fin? ¿será esto que me sostiene
-el huesadal, la piel curtida en llagas-
sombra o rescoldo perdido de mi infancia,
 
o espejismo cruel, que del sueño viene
a despreciar cada palabra vaga
que brote de mi boca fruta rancia?
 
2022/10/01

 

por tejerle bufandas a la sombra
por soñar con el beso del olvido
por lamer las suturas de lo herido
por gritar al vacío que me responda
 
por tender la mano hasta al insomnio
por los frutos que mordió mi boca
por el veneno que ya nada provoca
por hacer de mi palabra manicomio
 
por ladrarle de hambre al viejo viento
por sembrarle jardines a lo oscuro
por andar en la luz como en lamento
 
por quebrar los espejos al futuro
por apostar y perder hasta el aliento
por danzar en el fuego sin apuro
 
2022/09/23
 

 Toc, toc.
- ¿Quién es?
- Soy la nostalgia

 

Se me trepó al lomo la nostalgia
como un chamaco que estuviera agazapado
a la espera de un incauto
me saltó de pronto y se aferró
al asidero de mi espalda
en vano sacudí el esqueletaje
en vano reparé cual toro herido,
en vano rodó mi humanidad sobre la piedra
de nada me valieron amenazas
promesas dulces de dulce amor
ái traigo al lomo la nostalgia
pesada y bien asida, como si mecapal
trajera desde el monte, o madera
verde para secar en casa
y me da tal rascación del cuero
que es como tener bien dentro
el nacidero de bichos garrapatas
pero no es más que el muchacho
ese muchacho sin ley de la nostalgia
 
2022/09/22

 

que fui, sin luz, mi propia sombra
atento al estallido de la flor,
a todo resquebrajamiento de la flama
porque creí en lo frágil,
en las cosas deformadas por el tedio,
con la fe del que espera el regreso
de un dios cuyo nombre se parece
al silencio o a la lluvia de septiembre
(todo se estruenda, pero el silencio
es grande entre los muros
donde se oculta el hombre, animal)
que me rompí los huesos de la calma
y silencié lo llaga, lo quemadura
lo de hambriento animal que desde adentro me persigue
 
2022/09/18

 

Padre
si digo que sangro desde ti
hasta las comisuras del delirio
no es por amarga queja:
es el modo que hallé
para tenderle trampas al olvido
 
y no hay herida, padre,
cuyo dolor sea menos
que mi lengua al dialogar
con tu fantasma sin contornos
un lunes poco antes de la lluvia
 
que no hay acertijo, padre,
en el que hallar tu casa sin numeral
tu extranjería de cambiados nombres
o el cadáver sin cuerpo que ya eres,
desdibujado en la memoria
como un eco oído apenas entre sueños
 
que todo es ruido, padre,
si te nombro: estática radial
o tono de interminable espera;
que no hallo modo
de atrancarle las puertas al caudal
de días y horas y años
que me erosionan el palabraje
que en ti se le enredó al recuerdo
un día de sol frente al mar agitado
de Vallarta
 
que estoy en paz aunque te nombre
aunque sajado de mí mismo
en la querencia y el descuido,
padre, que a diario llueve
y no hay estruendo de corrental
ni ganas de ladrar hasta el suicidio
 
2022/09/17

 

Había una historia en torno a ese kiosco, que algunas veces, sobre todo por las tardes, nos mantenía alejados de él.
Éramos pequeños, recién llegados a la primaria, o a punto de abandonar los juegos del preescolar para internarnos en la jungla terrorífica y salvaje de la educación primaria rural.
Algún mocoso mayor lo habría escuchado de sus familiares, o un primo bromista se habría inventado la historia para asustarlo, y aquel, para sobrellevar o ahuyentar o compartir el miedo, nos lo había contado una tarde después del catecismo, que nosotros llamábamos ir a palomitas porque el blanco era obligatorio algunos días, y al que acudíamos no tanto por la curiosidad de la fe, sino porque algunos días las catequistas nos obsequian con dulces, pero sobre todo porque salvo los días en que el blanco era obligado, que eran dos a lo sumo, y algunos teníamos que cuidarnos de ensuciar esa ropa, salvo severas reprimendas o cintarizas hincados frente al altar familiar, el resto de los días ni siquiera nos acercábamos al área de estudio de la casa cural, y hacíamos de los patios y el atrio de la iglesia nuestro campo de juegos que una vez terminado el horario de catequesis, corridos de territorio sacro, se trasladaba al parquecito y poco a poco se extendía por las primeras cuadras del centro, hasta alcanzar la periferia, o la noche, lo que cayera primero.
Así que seguramente esa tarde fuera de ropas blancas y de llevar cada uno su propia jícara de sirián -pintadas con laca roja, con grecas blancas y dibujos de la fauna o la flora local, dibujos sencillos, hechos por algún artesano del pueblo o de alguna localidad vecina-, en el que las catequistas pondrían nuestra dotación de dulces o galletas de animalitos de las que dábamos cuenta con avidez sentados en la explanada del kiosco ya sin barandas, mientras contábamos chistes o cosas que nos parecias graciosas, o planeábamos la siguiente travesura o las reglas del siguiente juego o, como esa tarde, las cosas e historias que oíamos contar a los mayores.
Fue así que supimos se contaba que durante alguna revuelta, allí mismo, en el sitio donde nos sentábamos a juguetear, la base para cuando jugábamos a las escondidas, habían colgado o ejecutado a varios hombres, cuyas almas habían quedado ligadas para siempre al sitio de us ejecución.
Que cuando empezaba a oscurecer, se les podía ver rondando la explanada del kiosco. Alguna vez soñé que me encontraba con uno de esos ejecutados y nos veíamos fijamente, yo muerto de terror, él, perdido en divagaciones propias de quien enfrenta la eternidad anclado en un sitio que ya no le pertenece, pero sabiendo que tenía la capacidad de llevarme a su lado de un tirón y que nada ni nadie se lo impediría, y yo sabía o intuía o imaginaba que el muerto pensaba en eso y el terror crecía desmesurado en mi cabeza de mocoso de tercer grado de primaria rural. Ninguno de los dos profería palabra o sonido alguno, casi podría decir que incluso me abstenía de respirar, y luego algo interrumpía ese momento de terror casi sagrado, y yo volvía a casa de mis abuelos, angustiado y feliz de haber sobrevivido, a comer una tortilla con sal recién salida del comal, solo para reunir las fuerzas necesarias para volver al campo de juegos.
Alguna vez también imaginé que había visto a un muerto en las escalinatas del kiosko, su sangre bañando cada escalón, bajo un sol radiante de abril, y oia una voz que me siguió durante años decirme que vería esa sangre cada vez que me quedara a solas frente al kiosco, pero aún así comencé a echarlo de menos desde aquella tarde de mi temprana adolescencia en que lo demolieron para siempre, dejando el parquecito del pueblo vacío, chimuelo de construcción, extrañamente extraño.
 
2022/09/15
 
No hay ninguna descripción de la foto disponible.