un día verás llegar el odio en su carroza, padre
no vendrá tomado de mi mano, como algunas veces piensas,
ni traerá consigo el fuego y la palabra oscura de la muerte,
sino el perfume dulce y la suave embriaguez
de las cosas que en soledad hemos acariciado largamente,
sabedores de su fugaz imposibilidad:
pero esa no será sino su máscara;
tampoco sabrás de qué rumbo viene
ni hacia qué esquina del crepúsculo encamina su paso;
lo verás coger tu ropa, el aire que respiras
sabrás entonces que la tristeza nunca fue tu enemiga,
ni el fuego que creció en mis huesos
cuando abrí los ojos y la luz me hirió con su beso acerado;
no olvides, pues, que estamos del mismo lado de la historia,
aunque el perro del rencor estruje tu corazón en su mandíbula
y no sepas de dónde te viene ese resuello
que no te deja entrar al sueño donde vuelves a ser joven
y en tus ojos refulge el sol del río Balsas
2021/03/04
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