Hablar de ti es horadar la madrugada a sorbos lentos, pastorear el rebaño inagotable de la ternura y el deseo, abrir los brazos ante el aguacero torrencial y cerrados los ojos agradecer por la humedad de tu entrepierna y de tu lengua entrelazada en la lengua y en la entrepierna mía.
Hablar de ti es caminar en placenteros círculos, paladear por vez siempre primera la suavidad ajena de la carne, moldear a ciegas el único paraíso entre hombre y mujer, las privadas horas en que naufragio significa siempre salvación, romper el cielo a dentelladas.
Recordarte a ti es abrir los ventanales en verano, dejar correr al viento sus silbidos por la casa y la memoria, desdoblar el polvo, ahuyentar el carnaval fantasmagórico de tu inocultable ausencia.
(Cartas para una mujer que no conoce el mar, 2016)
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