dejé al fuego consumir la casa:
era un niño hambriento
abandonado por sus padres
en el centro del invierno
y me pidió un bocado
con la tristeza bien arraigada en la palabra
asomando desde el fondo de su ojo
como la flor última de su especie
abrí los brazos
pero no era mi carne
lo que buscaba a tientas
no era este corazón
que empuño como un cuchillo
contra la desesperación
lo que buscaba
era algo más, alguna cosa
sin nombre todavía
eso lo sé
ahora
que estoy a solas
con el desierto
que abrazo
el cuerpo abierto de la orfandad