6 may 2023

cierra, por mí, tu puerta, corazón
que no dé un paso en falso,
que no trastabille dentro tuyo
esta perpetua borrachera


pon luto a tu abrazo, corazón,
corta las flores del jardín vecino,
siembra el otoño y su desnudez
sobre esta tierra, que nada germine
 

y en este polvo, corazón, baña tu carne
cúbrete ahora con mi ceniza,
ya te he visto recorrer los campos yermos
donde dormirá mi cuerpo,
nudo de músculo y nervio, de sangre
y ofuscada depresión, aquí está mi lecho:
abierto como un cerdo en canal
yo soy mi lecho, y me desangro,
y gimo y levanto mi copa, y quisiera,
pero estoy negado para el baile 


2019 06 13

2020 09 13

 Una tarde de 2009, entre el 5 y el 10 de noviembre, un grupo de estudiantes tomamos la universidad. El motivo no lo recuerdo bien, pero recuerdo que éramos más bien pocos. Sabíamos que los grupos porriles al servicio de Antorcha Campesina estarían dispuestos a la agresión. Que el grupo de futbol americano, Los Toros Salvajes, al servicio de la rectoría, también estaría bien dispuesta a reventarnos. Pero nada de eso paso, a excepción de algunas discusiones acaloradas con militantes de Antorcha.
Lo que yo no sabía es que a medio día, muchas cosas comenzarían a definirse y a configurar los siguientes años de mi vida.
Por ese tiempo, indisciplinado como era, tenía el pelo largo y era mucho más desordenado que ahora. Salía con una chica hermosa y turbulenta. Vivíamos juntos en un cuarto estrecho para mi gusto y costoso para mi presupuesto.
Entonces, ese día, ella llegó a la puerta donde yo estaba. No pasábamos por un buen momento, y nos apartamos del grupo para platicar. Me dijo que se marchaba. Que las cosas no estaban funcionando. Traté de negociar una salida porque no quería perderla pero ya sabía que eso iba a suceder. Acordamos un mes más. Una de las condiciones fue cortarme el pelo. Acepté.
Todavía recuerdo la cara compungida de la mujer que me lo cortó. Hizo lo posible, al final, por recuperar mi greña y con ella hizo una trenza que me obsequió. También hicimos una trenza mucho más pequeña con el primer mechón que cortó su tijera, y que se quedó Carmen. Su pequeño trofeo.
Unos días más tarde participé en una obra de teatro en Cuetzalan, Puebla; era el aniversario de una organización campesina, y allá andábamos, haciendo trabajo político y teatral.
Esa tarde, terminado el evento, nos invitaron a comer a la casa del responsable regional. Ahí, un amigo me invitó a Chiapas. Sabía que no la estaba pasando bien y que en abril había estado por ese rumbo, ayudando con algunos pendientes tras la detención del vocero de la organización en aquel estado. No dudé en acompañarlo. El plan era ir a la selva chiapaneca, organizar algunas acciones y volver pasado el aniversario de la revolución.
Pero en el camino, la dirección política definió que mi cuate se dirigiera a su destino, y a mí me enviaron a la zona limítrofe con Tabasco, a donde había estado meses antes.
Ese rumbo, sin proponérmelo, se volvió mi hogar durante tres años y medio. Luego vine a Veracruz, y acá llevo casi ocho años.
Todo por ceder la cabellera.

 

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Primeros pasos en la tierra. Primeros días en el sureste. Abril 2009

Simojovel de Allende, Chiapas

Puedo decir sin pudor esta fotografía encuadra un factor determinante para el principio de mi enamoramiento a una tierra de la que en aquel momento apenas conocía el nombre: Chiapas. Ese año, 2009, el palurdo y atrabiliario gobernador chiapaneco había decretado el año del poeta Jaime Sabines, haciendo obligatoria la pinta de muros con fragmentos de la obra del buen poeta, pero yo no lo sabía; así que los muros que habían sido obligatoria tarea para pupilos y profesores de todo nivel educativo, para mí significó un gesto de profunda belleza de la que aún guardo tan siquiera esta imagen.
Habría preferido guardar esa otra que alguien pintó en una casa de adobe cuya fachada se empezaba a desmoronar desde el piso avanzando hacia el techo de teja, y que si bien en un principio rezaba "Te desnudas igual / que si estuvieras sola, / y entonces descubres / que estás conmigo", para cuando la vi por primera vez, ya la última línea de ese fragmento apenas se alcanzaba a adivinar, y cuando me marché, ya sólo se alcanzaba a leer "Te desnudas igual / que si estuvieras sola". Pero los avatares del viaje, la cámara extraviada en un viaje pleno de alcohol y paisajes a las orillas del lago de Pátzcuaro, el desamor, el duelo por José Ángel, me llevaron a quedarme sólo con ésta que ahora muestro.

 

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 quiero escribir tu nombre y que al hacerlo broten de la tinta aves de plumajes cuya tonalidad se confunda con la del atardecer, que al nombrarte cualquier espejo se vuelva faro de la habitación que lo contenga, que la tristeza se me caiga de la carne como un bicho que uno arroja hacia el vacío con un gesto apenas perceptible; que nadie sepa de las cosas que aún me hieren cuando te adentras en el horizonte, y que de a poco, después de masticar las formas tiernas de tu nombre, se acomode en su sitio el maxilar de la tristeza, ese perro que aún ladra al oír mis pasos por la calle donde siempre llueve y dejaron hace tiempo de crecer las margaritas; quiero escribirte cartas largas y que se enreden mis palabras en tu pelo y en tu sueño, que este modo de andar sobre la ausencia nos acerque y al inventarnos nos descubra devotos en la voz, en la mirada, llenos de hambre por el otro, que en la distancia mi eco alcance para tomar tu mano cuando vas por la calle hacia sitios que ignoro, y podamos decir a coro esa palabra tan difícil de tejer que nos conmueve tanto y nos estremece hasta el cimiento

 

2023 02 27

 

déjame decirte que hay navajas que pasaron de largo por mi carne cuando llegaste, que prometí, en silencio, poner a tu nombre mi tristeza y la alegría de los días en que nada, ni las aves oscuras que pueblan el follaje antes del invierno me perturban, que puse a un lado la oscura palabra que me acompaña cuando a solas sueño que el mundo es un cubo estrecho en el que se ahoga mi grito para disfrutar el sonido de agua fresca que corre entre las piedras de tu voz, que supe apreciar la calma que da mirar el mundo a solas, pero al encontrarme contigo tuve la clara seguridad de que hay paisajes cuya coloración no querría ver más que en tu compañía, que de nada me valdría desgarrarme el cristalino frente a sus ocasos luminosos si no estás tú para ayudarme a mirar las formas cálidas del crepúsculo

2023 02 28

 

para hundirme en las aguas revueltas del río escalón
y echarme a dormir entre macabiles y anguilas de río,
la música que nace en tu garganta;
para acudir sin demora a los ocasos del cerro de los tres picos,
el murmullo de tu palabra en mi oído;
para encumbrar las laderas del cerro colorado antes del amanecer:
el recuerdo de tu voz al entrecerrar el ojo;
para echar de la casa a la tristeza,
para que la angustia pacte una tregua,
para buscar las huellas del tepescuintle en la montaña:
el tarareo de tu voz cayendo rocío sobre mis hombros;
 
para soñar que miro la aurora a orillas del Ganges,
rodeado de elefantes que desconocen el olor de la pólvora:
el recuerdo ligero de tu mano en mi mano;
para salir al encuentro de música que no comprendo
pero me recuerdan a Schumann al saltar al Rhin,
para llegar a Borneo antes que la lluvia o la palabra de Georg Trackl,
para escribir sobre un naufragio a las afueras de Lisboa,
para hablar de cataclismos sin que me tiemble la escritura,
mi sombra atravesada por el hilo de tu sombra;
 
para que se duerma la perra desesperación,
el bálsamo de tu palabra entrando como aguja
a reparar el boquete de mi pecho;
para volver al mar y descubrir en su playa
el asombro y la necesaria esperanza:
tu palabra reverberando en el caracolar
de la memoria, a salvo del salitre y de la espuma
 
para ser derrotado,
para salir al encuentro del asombro,
para extraviar y reencontrar el mundo,
para probar nuevos frutos de sabor incierto,
para creer de nuevo en la poesía,
para salir a salvo de entre el fuego,
tu voz, tu tacto, la sombra de tu sombra,
el eco de tu voz al inundar mi soledad
 
2023 03 08

3 may 2023

jaiku selvar

 

¿a qué bajas al río, zopilote?
¿a lavar olores de carroña
o a cazar peces que nadan panza arriba?
 
2023/03/08

 

por eso vuelvo siempre a la poesía
porque me salva con su cuchillada
el dolor que dentro suyo encuentro
es un alivio
un aire de cuchillas que me lame
el rostro sin herirlo.
la poesía es la herida sin sangre
sin más dolor que la belleza
(la del abandono, los fantasmas, el frío,
la belleza de quedarse terriblemente solo,
la del amor que no desgarra)
y de ella bebo cuando el mundo
cierra sus puertas sobre mis falanges
de muchacho distraído en la reyerta
para apaciguar mi sed
esta sed de echarse al fuego
como un dios de la creación o el caos
 
2023/03/19

 

Hablar de ti es horadar la madrugada a sorbos lentos, pastorear el rebaño inagotable de la ternura y el deseo, abrir los brazos ante el aguacero torrencial y cerrados los ojos agradecer por la humedad de tu entrepierna y de tu lengua entrelazada en la lengua y en la entrepierna mía.
Hablar de ti es caminar en placenteros círculos, paladear por vez siempre primera la suavidad ajena de la carne, moldear a ciegas el único paraíso entre hombre y mujer, las privadas horas en que naufragio significa siempre salvación, romper el cielo a dentelladas.
Recordarte a ti es abrir los ventanales en verano, dejar correr al viento sus silbidos por la casa y la memoria, desdoblar el polvo, ahuyentar el carnaval fantasmagórico de tu inocultable ausencia.
 
(Cartas para una mujer que no conoce el mar, 2016)

 

maduran los frutos en el aire,
con el pavor de la caída.
silenciosos, desafortunados
 
así caigo: estruendoso
hielo que se deshace
en el corazón de la tarde
 
(poemalos de una década olvidada)

 

cuando escribí de amor fue para no decirlo. por alargar o perpetuar la despedida. por cobardía. por la certeza de la derrota. por negarme vulnerable. porque esperé que el azar pusiera aquellos ojos sobre lo mal escrito de mi mano. sé que no sucedió así. sé que si alguna vez me fue dado conocer el placer y el tormento del amor ha sido por cualquier otra razón y no por mi bramido escrito. pero soy terco y sigo escribiendo de amor con desespero, aguardando por el azar, pero encendiendo velas al olvido. que otros que no sean ella -quien quiera que sea ella- lean este barruntar repetitivo y lo olviden luego.

2023/03/09

 

para hundirme en las aguas revueltas del río escalón
y echarme a dormir entre macabiles y anguilas de río,
la música que nace en tu garganta;
para acudir sin demora a los ocasos del cerro de los tres picos,
el murmullo de tu palabra en mi oído;
para encumbrar las laderas del cerro colorado antes del amanecer:
el recuerdo de tu voz al entrecerrar el ojo;
para echar de la casa a la tristeza,
para que la angustia pacte una tregua,
para buscar las huellas del tepescuintle en la montaña:
el tarareo de tu voz cayendo rocío sobre mis hombros;
 
para soñar que miro la aurora a orillas del Ganges,
rodeado de elefantes que desconocen el olor de la pólvora:
el recuerdo ligero de tu mano en mi mano;
para salir al encuentro de música que no comprendo
pero me recuerdan a Schumann al saltar al Rhin,
para llegar a Borneo antes que la lluvia o la palabra de Georg Trackl,
para escribir sobre un naufragio a las afueras de Lisboa,
para hablar de cataclismos sin que me tiemble la escritura,
mi sombra atravesada por el hilo de tu sombra;
 
para que se duerma la perra desesperación,
el bálsamo de tu palabra entrando como aguja
a reparar el boquete de mi pecho;
para volver al mar y descubrir en su playa
el asombro y la necesaria esperanza:
tu palabra reverberando en el caracolar
de la memoria, a salvo del salitre y de la espuma
 
para ser derrotado,
para salir al encuentro del asombro,
para extraviar y reencontrar el mundo,
para probar nuevos frutos de sabor incierto,
para creer de nuevo en la poesía,
para salir a salvo de entre el fuego,
tu voz, tu tacto, la sombra de tu sombra,
el eco de tu voz al inundar mi soledad

2023/03/08

 

para esperar la maduración de los plátanos, tu mirada
para encender la luna en cuarto menguante
y atravesar la selva, el arco de tu sonrisa
para soñar un pez cuyas escamas,
al caer, fundan ciudades donde el fuego
no es amenaza sino cobijo: la fiesta de tu nombre
para salir al mundo, para buscarle las formas
a las nubes, para escuchar por fin
el canto de las aves en la tormenta,
el musical arroyo de tu voz
 
 2023/03/04

 

Líbrame de ti, señor de todas las angustias,
de tu heridor tacto cardenche
guárdame de entrar en tu doloroso templo
señor de todas las confusiones;
señor de la vehemencia desbocada
en tu mano pongo mi espíritu asustado
y te pido, encarecido, aunque insista
aunque clame por tu zarpa en lo desierto,
no me admitas en el cadalso de tu templo:
déjame caer, inmisericorde, abjura
de esta carne hecha tormenta,
rechaza este temblor de nervaduras,
que no halle nunca tu consuelo de navajas,
señor de todas las angustias crecidas pecho adentro

2023/03/04

 

dicen los exotizadores de mi lengua que para decir que se extraña a alguien, se usa la frase "mis temoa no yohlo", y se ha hecho popular entre los bienintencionados entusiastas de las pobrecitas lenguas indígenas -asco de concepto- que hablan nuestros indígenas en peligro de extinción; una frase que, además de nunca haberla escuchado en comunidad alguna donde se hablase nawatl, ni en Puebla, ni en Guerrero, ni en Veracruz, tiene toda la estructura de una oración en castellano: te busca mi corazón. una traducción hecha al ahí se va, burda por donde se le quiera ver. todo más falso que un billete de tres pesos.
recuerdo que mi abuela usaba un término que puede ser equivalente: nikonyolmatstika (le echo de menos), nimitsyolmate (te echo de menos). que malamente podrían decir algo como te siento en el corazón, y la viejita Ana lo empleaba para manifestar preocupación por sus hijos o sus nietos cuando andaban fuera, borrachos o estudiando o trabajando, o perdidos, o todo lo anterior, y ella sentía no sin pena que andábamos en su corazón pero ella quería vernos