3 may 2023

 

Ciento sesenta escalones después encuentro una reja que me cierra el paso. A mi espalda, en el centro del paisaje que lo rodea, el Itzantun parece recordar que doce años pasaron desde que por primera vez me vio fumarme las tardes y la desesperación una tras otra.
Era invierno también, y yo huía de mí detrás mío, furioso. Cargaba conmigo apenas lo puesto, un par de libros, un cuaderno, y el corazón en un puño, con la primera herida seria atravesándolo de lado a lado.
Fumaba cigarrillos Lucky Strike, bebía cerveza barata y frecuentaba cantinas que eran guarida de malas compañías. Pero esos días fueron tan terribles que me dejaron incluso sin la capacidad de arrojarme por el camino de la embriaguez o el embotamiento de alguna droga: abotagado, embrutecido, como un zombie, cada día recorría sin rumbo las callejuelas de Simojovel, pasaba las horas más calurosas en la biblioteca municipal, que ya no existe, donde encontré dos o tres ejemplares de Belascoarán Shayne que me tendieron un cable en esos días, ahora, en su lugar hay un restaurante llamado La torta brava. También desaparecieron los muros que con motivo del año del poeta Jaime Sabines llenaron muros de edificios públicos y centros educativos. Sobreviven sin embargo la pensión barata dónde me alojé en aquellos días, el depósito de cervezas y el carrito de hot dogs, viejo y destartalado, de las Ambar-guesas.
 
 
2021/12/27
 
 No hay ninguna descripción de la foto disponible.

No hay comentarios: