me duele el costillar cual Rocinante
que sierra y costa y valles atraviesa
sin descanso apenas en su empresa:
trotando firme, sereno hacia Levante
no hay viaje sin embargo, hay la aviesa
sombra del resfrío que cual un amante
en mi pecho pone casa, beso, guante:
hay el encierro, la sed, la ropa gruesa
¿qué alma me persigue en el insomnio,
qué luz he de encender para mirarle?
la fiebre me traerá, por fin, la pesadilla:
cierna la noche sobre mí su oprobio,
su parsimonia de cárcel, sus alfanjes;
haga el dolor en mí su nido y su capilla
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