quiero decir, también, que estoy a salvo,
que no encuentro, al caer, palabra o asidero
en el rotundo precipicio de tu boca;
que algo, profundo, en mí, se rompe,
y agradezco, y exijo la otra zarpa;
que sin ti las horas se amontonan, peces
que la marea del tedio arrastra
que no basta la triste red de mi tristeza,
el miedo anzuelo, a contener la marejada;
quiero decir, entonces, que hay una herida
abierta como una boca hambrienta,
y llama, y gruñe, y ladra
que la alimente con mis viejas carnes,
que cordero, exige, me desangre en su altar;
quiero decir que sopla el viento
y la ciudad pasa la lengua por el lomo de la noche
y estoy solo y pienso en ella,
y aunque quiero, no hay desplome ni fusta,
ni incendio que fustigue el horizonte
2021/02/17
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