Íbamos retrasados. Tomamos la autopista y comencé a acelerar. Llegado un momento, mi acompañante comenzó a quejarse por la velocidad.
Jesús viaja con nosotros siempre, me dijo, pero después de que rebasas los 120 km/h, él se baja del vehículo y se olvida de cuidarte.
Dicho esto, pisé el acelerador a fondo. No me gusta traer a desconocidos en el auto.
2022/01/21
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