cuando yo muera
que nadie diga palabras elevadas
para aliviar su pena
no pongan sobre mi cadáver
actos sublimes de los que fui incapaz
no gané batalla alguna
ni me venció el amor
que alguna vez creí feroz
inconmovible sobre mí pasó
la vida con su carro
si algo podrá decirse
fue que viví, sin más
que pasé por la duna de los días
incendiado a medias
con la calma obscena de quien
nada espera
ni el alba prometida
o el beso embriagador de una hurí
que no haya tumba
—ojalá que no la haya—
testigo de mi fugaz medianía
ya habré sido
y querré para mí paz
No hay comentarios:
Publicar un comentario