Líbrame de ti, señor de todas las angustias,
de tu heridor tacto cardenche
guárdame de entrar en tu doloroso templo
señor de todas las confusiones;
señor de la vehemencia desbocada
en tu mano pongo mi espíritu asustado
y te pido, encarecido, aunque insista
aunque clame por tu zarpa en lo desierto,
no me admitas en el cadalso de tu templo:
déjame caer, inmisericorde, abjura
de esta carne hecha tormenta,
rechaza este temblor de nervaduras,
que no halle nunca tu consuelo de navajas,
señor de todas las angustias crecidas pecho adentro
2023/03/04
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