nadie susurró en tu oído la palabra incierta
aquella noche en que, agobiado por la embriaguez
del insomnio, volviste a visitar los meandros
amargos del recuerdo, con el gesto del viajero
que descubre, en un parpadeo, la penumbra
y el juego de luces que la empaña;
que no hubo mano que tomara la tuya
como en tus primeros días sobre esta tierra
para encaminarte sobre el empedrado azul
del horizonte siempre abierto como el ojo abierto
de un ahorcado a la orilla del camino
2021/04/23
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