muérdela, rómpele el hueso
que sostiene su ternura,
que se llenen de lodo sus vestidos,
por favor, no le des a la esperanza
cristales o ramas para edificar su nido,
envenénale el agua, escóndele las migas
del pan que la alimenta, que la inanición
la envuelva, y por favor, deja que caiga
que no tenga más lecho que la roca;
ahora mismo ladran detrás mío
los perros del desamparo,
y es poco lo que puedo hablar de amor,
porque es poco, apenas nada, una sospecha,
lo que sé de embarcaciones y nudos
para sujetar el mástil de la nostalgia,
y soy, ay, torpe timonel que ha de encallar!
no le des, por piedad, tu carne a la esperanza,
no la dejes que ensortije tus cabellos,
y en coloridas ensoñaciones te engañe,
que no se adueñe de tu voluntad su embrujo,
su canto de sirena, la dulce melodía
de su afilada lengua...
no te dejes atenazar por la esperanza,
déjate caer, Ícaro o rey de Ilión que se enfrenta
a la fauce abierta de su destino
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