entonces, digo estoy quebrado,
o en camino de resquebrajarme los huesos
de la paciencia contra la nada,
que estoy enfermo, y sin embargo, empuño,
festivo, desafiante, el descuido, vivir como
si no fuera con uno la cosa de ir muriendo,
envejecer, con el desenfado de los veinte años,
pero hay algo dentro, una viscosidad del alma
que me sujeta por el tórax, que me dice tranquilo
mira cómo se hunde todo, también esta daga
indolora en tu carne, como la daga de un granjero
sobre el cerdo para calar el músculo, la carne
que ha de llevar más tarde a su mesa,
a la mesa donde convidará a sus invitados,
a su progenie desconocedora del chillido,
pero me extravío, yo estaba diciendo
que algo hay como una pequeña muerte
bailando en mis entrañas, un son de tarima,
a ritmo de violines, zapateando alegremente
y es lo que me tiene anquilosado en este mutis
porque estoy tan roto como se puede estar
sin desplomarse, porque estoy tan sobrio
como se puede estar sin desplumarse en el intento,
y callo, acaso por verme más bonito,
tal vez, seguramente, porque me da traspiés
la lengua, y me falta un diccionario para decir
que sí, que hay algo que quiero contarles,
y necesito la sencilla palabra que no encuentro
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