ortiga del deseo en nuestros lechos funerarios;
insisto, en el filo de tu uña teje su nido,
solitario, el halcón de la nostalgia,
obcecado, incontenible. ¿Quién llama en esta hora, quién,
llamando, exige el silencio de la roca y el sepulcro?
Con estas manos, en este páramo, he abierto una herida;
en este pecho, con este acero, abro un canal para irrigarlo
en este pecho, con este acero, abro un canal para irrigarlo
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