1 mar 2020

Arder, hundirse, astillar la noche, ese cristal!

Y luego el verbo, la conjugada roca
que habrá de agrietar el cráneo
de la soledad, ah! la rabia galopante,
este crujido en el bajo vientre, como de huesos
qué entrechocan, dientes que se mellan
el filo, acero que golpea, para templarlo, al acero,
ay! escurrirse entre los dedos de la nostalgia,
alimentar a los perros del insomnio,
y hundirse, atado de los pies a un trozo de granito
o bruta piedra, en el corazón del Rhin,
danzar con los demonios, abrir la grieta
como quien abre una ventana, dejar que al aire
ventilar la tristeza, sacudir las telarañas,
destapar otra cerveza, aullar, apenas caída la noche,
aullar, aullar, que no venga la aurora

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