¿Qué voz le deseó los dulces sueños?
¿Qué hacha rajo de su hogar los secos leños,
quién su rebaño cuidó, quién la herida
abierta en el espíritu, quién los cabellos
le mesó, en el desamparo? ¿Qué aterida
sombra le siguió, fiel, por la oscurecida
ruta del desierto? ¿De qué tierra se alzó dueño,
a qué mujer de qué ciudad tomó por suya,
en qué altar su holocausto fue de nueva
cuenta rechazado? Yo lo imagino solo: aulla,
lastimado aún, pero se cura; ya no ruega
el perdón de su verdugo, aunque huya.
Si hay un dios, no le perdono: dice, alega.
le mesó, en el desamparo? ¿Qué aterida
sombra le siguió, fiel, por la oscurecida
ruta del desierto? ¿De qué tierra se alzó dueño,
a qué mujer de qué ciudad tomó por suya,
en qué altar su holocausto fue de nueva
cuenta rechazado? Yo lo imagino solo: aulla,
lastimado aún, pero se cura; ya no ruega
el perdón de su verdugo, aunque huya.
Si hay un dios, no le perdono: dice, alega.
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