Era mi oscuro lecho la mesa de tortura,
la interminable primavera el sutil fuete
que mi carne hendía; yo no era fuerte
ni coraje había en mi alma aún pura;
probé del amor los clavos, la fuente
abrevé del dolor más turbio, la dura
roca del desamparo quebró, dulzura
y tierno anhelo. Mordióme el ardiente
miedo en los tobillos, aullé en la rabia,
como animal en agonía, cual condenado
ante el cadalso. Ladré a la luna sabia,
y respondió el silencio, mordí mi rabo
hasta sangrarlo. Era mi juventud, enfermo
estaba, de amor y soledad, de ser eterno.
abrevé del dolor más turbio, la dura
roca del desamparo quebró, dulzura
y tierno anhelo. Mordióme el ardiente
miedo en los tobillos, aullé en la rabia,
como animal en agonía, cual condenado
ante el cadalso. Ladré a la luna sabia,
y respondió el silencio, mordí mi rabo
hasta sangrarlo. Era mi juventud, enfermo
estaba, de amor y soledad, de ser eterno.
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