sordos, atolondrados, sumidos,
ofuscados en esa miel extraña que llamamos, con pompa, pretenciosos, amor;
mi lengua está en tu mano, dispuesta a jugarlo todo, cualquier cosa
en tu nombre; basta el más tierno arrebato, el más incierto gesto para incendiar la estepa de mi deseo;
aquí, en estas líneas, dejo constar que he rendido mis ciudades, que nada hay mío que te sea ajeno,
carne, locura, mi sangre, el furor y cada hueso, cada corazón que en mí palpita, te han sido subyugados
No hay comentarios:
Publicar un comentario