28 feb 2020

luego está ese penoso asunto, envejecer,
hacer la colección propia de canas
arrancadas discretamente, con el afán
de detener el terrible avance de los años,
cosa vana; y peor aún, hacerse viejo pesa más
si a un costado crece robusta, lozana,
la sombra decadente del miedo;
uno debiera llegar a viejo libre de arrepentimientos,
dispuesto a soltar amarras, a destrozar
bajo la tormenta los acantilados con la barcaza
de la propia humanidad, pero me hago ilusiones,
ando a tientas en este umbral de oscuridad
que es hacerse mayor, que no me dieron un manual
para saber qué se hace en estos casos de duda,
cuando se es joven y se teme terriblemente
por nuestro yo futuro, senil, y acobardado,
o peor aún, senil y convencido de ondear la verdad
como bandera incuestionable, si ahora
lo hemos puesto en duda todo, o casi todo,
pero hemos querido arrebatar de nueva cuenta el fuego
a los viejos dioses, para alimentar nuestra locura

No hay comentarios: