16 feb 2020

Un minuto

Otra vez, la calle abierta del pasado. Terrible. Una y otra vez caigo, borrachín poco menos que alegre, pero que sabe soltar la carcajada en el estertor.
No es esta mano el pedestal que te sostiene. Ingente lengua de hoguera, trago para el frío.
Me he hecho viejo, y sin embargo, habito el mismo sitio común de la derrota.
Nadie dirá esta ruina con su trinos anuncia la primavera. Umbral de otoño, caigo, borrachito poco menos que enlodado, brinqueteando bajo la lluvia.

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