17 feb 2020

Te has de marchar, como la suave primavera,
te has de marchar, y a cada nueva hoguera
habrá de arder mi corazón, porque te espera.
Tu partirás, mi mano agitará, tenaz, su pena,

el viento cantará también, pero será negra
la melodía que nazca en su boca de madera.
Tu ya te vas, he de aceptar que no quisiera
quedarme atrás, y sin embargo, a la vera

de tu ausencia me solazo. No soy la fiera
azul que tu pecho anheló, o la artera
zarpa en la tapia de tus besos. Agua ligera

viniste, y te toqué. Ya nada me condena
salvo el amor, lo herido, lo que tu carne anhela:
tu talle, tu sonrisa, tu regaño: tu miel primera.

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