te has de marchar, y a cada nueva hoguera
habrá de arder mi corazón, porque te espera.
Tu partirás, mi mano agitará, tenaz, su pena,
el viento cantará también, pero será negra
la melodía que nazca en su boca de madera.
Tu ya te vas, he de aceptar que no quisiera
quedarme atrás, y sin embargo, a la vera
de tu ausencia me solazo. No soy la fiera
azul que tu pecho anheló, o la artera
zarpa en la tapia de tus besos. Agua ligera
viniste, y te toqué. Ya nada me condena
salvo el amor, lo herido, lo que tu carne anhela:
tu talle, tu sonrisa, tu regaño: tu miel primera.
la melodía que nazca en su boca de madera.
Tu ya te vas, he de aceptar que no quisiera
quedarme atrás, y sin embargo, a la vera
de tu ausencia me solazo. No soy la fiera
azul que tu pecho anheló, o la artera
zarpa en la tapia de tus besos. Agua ligera
viniste, y te toqué. Ya nada me condena
salvo el amor, lo herido, lo que tu carne anhela:
tu talle, tu sonrisa, tu regaño: tu miel primera.
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