28 feb 2020

Los viejos escribas, al coger su pluma,
al buscar su tinta y su palabra,
ya sabían, oscura, terriblemente,
sabían que susurraban al futuro,
y no habría emperador o dios
tan poderoso que renegara de ellos;
así, parieron las ciudades por la punta de sus dedos,
redujeron a cenizas los castillos,
orlaron las frentes vencedoras
con odas, himnos y laureles,
embellecieron toda atrocidad:
no los dioses ni los insaciables césares:
fueron los escribas los que conquistaron
a sangre y fuego nuevos reinos,
susurrando con su pluma al oído
del futuro sus delirios


yo, al escribir de ti, susurro al vacío,
a la inexpugnable nada mi elegía;
tal es el cansado alcance de mi oficio,
hijo del silencio, ceniza que volverá al polvo
y al silencio para olvidarme

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