28 feb 2020

Hemos llegado tarde. Víctimas de la distracción, hemos llegado al precipicio donde antes se sostuvo un puente. Fuimos hijos bastardos de la locura. Hemos comenzado la caída, apesadumbrados pero pacientes recorremos los insondables pasos que nos lleven a despedazarnos contra el suelo, sea roca o limo. No es preciso nombrar la música, el ruido, el silencio. Todo es en vano ahora. Sólo queda esperar al estrépito de los huesos resquebrajándose. Pero antes debemos dejar sembrada una certeza: la caída ha comenzado mucho antes. Acaso un instante previo a nuestro encuentro. Acaso en el momento de estrechar la mano, al destapar la primer cerveza, comenzamos el largo peregrinaje de esta caída. Lobos que se desgarran a dentelladas para no morir de hambre.

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