cuando templó su guitarra:
cuando el silencio me agarra
se oye mi canto mejor.
No hay pájaro ni cigarra
que sepa hilar mi canción;
yo sé de estar en la farra,
de ritmos no sé, señor,
sé de cantinas y amarras,
y mucho del mal de amor.
Algo sé de estar dolido,
algo sabré del adiós,
algo de la sal y el vino,
poco del nombre de dios:
yo canto y grito que vivo
cuando me cala el ardor.
Mi lira sabe de olvido,
pero también del color,
del abrazo compartido
y del halago traidor.
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