En el tenso arco del día,
a punto casi de romper
el negro cascarón de la noche,
nace el faro de tu dedo, señala
el infinito hilo cansado
del horizonte, las tolvaneras,
el graznido de las aves
en su incesante cacería sobre la superficie del agua y de la sal.
Tu ojo brilla en ese instante,
perla, desde el fondo azul
arroja su haz de luz para iluminar
el día que agoniza. Es tan simple,
presenciar la belleza, y sin embargo,
comprenderla, condensar en unas cuantas líneas
la maravilla de su aparición,
tan complicado, tan inasible su materia de intangible sueño,
su espejismo tan real, indescriptible.
Sin oración, sin palabra que ahora alcance, vuelvo a casa, maravillosamente desconsolado, sonriente, insatisfecho
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