para encender un fósforo que haga arder el día,
para que la lluvia ilumine el horizonte,
para que la música sostenga el esqueleto y la carne,
para que lo terriblemente torpe en mi se enderece,
para sincerar a los ladrones,
para besar el cadalso, la hoja de la guillotina,
para arrojarse a la boca del lobo, jubiloso,
para acariciar la llaga, para resplandecer
basta el arroyo de su voz,
el iridiscente relámpago de su mirar,
su mano tierra firme para mi mano madero extraviado
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