17 feb 2020

y pese a la indiferencia, al simulado descreimiento,
ciertas cosas siguen, ciertamente, quebrándome
en diez o en cien mil piezas el espíritu,
que tocan, dedo helado, mi corazón, su frágil
mecanismo de relojería, su absurda, intrincada
red de irrigación, y no hay, acaso, palabra
que alcance a entibiar el pecho, poco queda,
es cierto, en el cuenco de la mano
¿què ofrecer a cambio de lo que devoró el incendio?
¿qué hacer ante el desgarro de otra carne,
la consumición de otra sangre, en otra tierra,
que sin embargo, nos cimbra hasta la última
de las certezas? No hay poesía que valga,
no hay belleza que salve, que tienda su mano
como la mano de un dios misericordioso
o miserable, impotente hacia su obra,
pero sabemos, oscuramente sabemos
que no hay dios que valga, ni oración,
salvo la rabia, este retorcerse la indignación,
seguir tirando esta madeja imposible,
llegar a la cima, con esta roca impasible,
ver, colérico, que se despeña, y volver,
esperanzado, a empujar su indolencia, ojalá

No hay comentarios: