Voy a abandonarlo todo, cada cosa
que me trastornó la sangre, el parpadeo
de aquellos ojos y el ansia de besarlos
en el más profundo de sus sueños;
que se quede sin terminar la cimentación
de mi sosiego, la muda iglesia donde
venero el terror de permanecer vivo
y discordante, incapaz de hender mi huella
en el lodo de la historia, (esta vergüenza
de sentirme avergonzado me apabulla,
debo decir, sin ambages, que me arde
respirar si no agonizo, si la muerte no tiende
su mano contra mi cráneo para aplastarlo),
mi única certeza es la incertidumbre,
poner pie a tierra y seguir andando,
saberme roto en el costillar del ánimo,
y por eso sé que he de tener las cosas
inconclusas, que he de dejar a media
consumición el plato de hambre,
esta necear la búsqueda de un algo
que no se sabe nombrar aún desde el aullido.
Pero me pregunto si no es así con todos,
si hay novedad en lo que digo, si no soy más
que un hombre preguntando por la calle
que todos han preguntado sin saber que están,
necios, pisando su lengua adoquinada.
Todo me ha de abandonar en el olvido,
todos han de olvidar mi nombre, mi oscura
palabra, este rumiar brutal de duermevela,
el hipar alcohólico, todo se ha de desvanecer,
por inconcluso, por agrietado, por inútil
No hay comentarios:
Publicar un comentario