Y bien, hay cosas que se rompen, que sin remedio señalan la quebratura
del hueso o de la estirpe, que en la grieta de su deseo hacen
presuntuosa danza, festín de cicatrices, en que carne que crece sobre la
carne para cubrir la herida es síntoma de fiereza o desapego, aunque en
el ojo, en su más lejano fondo, un niño, hambriento y despiadado en su
tristeza, tiemble
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