Por qué sangra mi costado
si no hay lanza, ni centurión,
ni cruz que me sostenga?
por qué, si hablo de amor, o de dolor,
presiento que te llamo, y peor aún,
que no vendrás a romper el hielo
de la noche con tu aliento,
que hundo mi barco en un mar
infestado de sirenas, de corsarios,
que aullo en islas taciturnas,
muerdo el fruto de las cosas olvidadas,
y vuelvo a pronunciar tu nombre,
a buscarte en el centro de la herida,
a mascullar en el espanto
que no habrá primavera sin tu otoño
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