17 feb 2020

El borracho, desolado, abandona a pie su templo

debo decir que anoche
alguien aplastó el silencio,
como una bota llena de lodo,
que camino hecho un ovillo,
a punto del incendio
o de la inundación


 debo decir, entonces, que algo
se me rompió entre las costillas,
algo como un hueso,
aunque acaso más etéreo,
un pedazo de ánimo salió astillado
cuando sin querer
mencioné el nombre de mi padre
y un cuervo vino a graznar
sobre mi techo

ayer bebí de más,
extraños licores en una casa extraña,
alguien habló del fin del mundo
y yo pensé en un acantilado
desde el que fuera imposible
sospechar el horizonte;
entonces sirvieron las siguientes,
debo decir que estaba ebrio,
lo suficientemente ebrio
para recordar que venía herido,
que el lobo de mi tristeza
iba a soltar la dentellada

anoche bebí de más,
pero sé perfectamente cómo llegué a casa,
una mujer me esperaba en la cama
para mesar mis cabellos desordenados
-los caballos de mi sangre relinchaban-
es hermosa y terrible,
me dije a mí mismo,
la amé como si ella pudiera amarme
en consecuencia,
ustedes lo saben bien,
ustedes saben
cuán terribles
cuan oscuros
cuan bellos
llegan a ser los espejismos

debo decir
que alguien, algo
le arrancó los ojos al silencio,
que estoy a solas,
mirando el crujir del mediodía

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