Te sueño en una casa que desconozco. Llena de frío, tu mano se tiende
hacia mi mano, tu cabellera encuentra refugio en mi regazo. Esta es la
configuración del deseo. Temblar en el sueño, que es otro modo del
delirio, antes de abrazarte. Mis ojos te buscan, y aunque te nombro, la
voz huye adentro mío.
Acurrucada a mi costado, me miras, y yo
apenas alcanzo a pergeñar en el balbuceo un monosílabo. Petrificado,
pareciera que soy indiferente, y sin embargo yo entero soy la sonrisa
que te abarca.
Luego te pones en pie, sales de la habitación,
descalza. Queda tu aroma para ceñirme a él como el suicida a la soga de
su horca.
Al abrir los ojos, lleno de deseo, busco el hueco de tu ausencia, la imposible huella de tu paso.
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