16 feb 2020

Porque se me agrieta el mundo,
por la copa en vilo, a la espera del camarada
perdido en los eriales del olvido,
o en el intrincado camino de envejecer
con la locura a cuestas, cuesta arriba, siempre cuesta arriba,
aún cuando los pies tocaran los pliegues del aire,
seguir subiendo, a lomos de la paciente bestia
que anida en el corazón,
dispuestos a morir, el pecho ardiendo en la noche más helada,
la mano dispuesta a tenderse puente
en la boca cariada del precipicio;
por el estertor antes de la caída,
por el polvo besado en cada derrota,
por el hombro dispuesto a cargar la viga y la desolación,
por cada ave que distraída entonó su canto
a nuestro paso, por el ojo lacerado de horizontes,
por la rabia en las falanges, por la lluvia
que supo humedecer la espalda,
abro la puerta de esta casa que nombro mía,
dejo el paso franco a los demonios, al fantasma,
que me dejen a solas con el ruido
de la madera resquebrajándose de miedo,
con los blátidos ovopositando su milenario batir de alas por los rincones,
que nadie quede en las habitaciones,
con su garra hendida sobre mi brazo,
el cuervo de mi deseo grazna, insatisfecho:
hambriento besa mis ojos, hunde su pico en mi dormida entraña

No hay comentarios: