Para volver al hogar, abres la puerta
-no hay, en esta tierra, puerta cerrada,
candado, o cerradura que se niegue-
esperas hallar la dulce melodía de primavera,
el bullicio familiar, un amigo que se despide,
a punto de iniciar una aventura;
ya has imaginado las correrías de la infancia,
el río y sus márgenes donde arracimados,
maduros, te esperaban sus frutos;
todo ha vuelto a ti, como en comparsa,
la fiesta interminable en la noche de San Juan,
la danza, los fuegos artificiales han vuelto a iluminar
la noche de tu vuelo;
pero te engañas, hombre de sal: al ser tocado
por el espejismo, te desvaneces:
no hay puerta, ni hogar donde la calidez te añore,
toda entrada lleva a la infinita avenida del desamparo
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