28 feb 2020

repetiré que algo se está rompiendo
dentro mío, un muro de cristal
cuyas astillas se empeñan en morderme,
que algo se está rompiendo dentro mío,
que hay un niño que solloza mientras juega
a inundar el mar, que me pesa en el lomo
el peso de un jinete, la tristeza, que me hunde
el costillar con su espuela, y no hago otra cosa
que bufar, a medias aterrado, a medias sudoroso
de excitación, hacia el desfiladero;
que hay un dique dolido en sus maderos
que trata de sostener la rabia de un río
largamente apaciguado, que es menester
sajar un labio, el corazón, para salvarse;
y no escribo por doliente o quejumbroso:
este es mi modo de sangrar cuando parezco
un toro en medio de la plaza pública,
henchido de dolor y miedo del dolor,
y rabia ante el dolor que ya no sé
de dónde llega a destrozar mi carne;
este que soy, para no aullar, muerde su brazo,
incendia el pedestal donde se empolva
la esperanza, el tedio, lo bello y lo terrible,
este que soy, agónico, montaraz y oscuro
tambalea y ruge pero sabe que es todo inútil,
que algo se ha roto dentro mío,
un madero que se astilla y delicado
coloca sus astillas, que me espolea
un imperator mundi, la tristeza, y estoy a punto

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