Ruedo, fardo, sobre un manto de humo.
Agrietado está mi corazón, como esta tierra:
moribundo pero en pie, acaso festivo;
otro, más sabio, con la herida apenas entreabierta,
menos precavido, nunca a salvo,
agito, desde mi alcayata, la camisa manchada de sangre.
Ruge un jaguar, hambriento. Me llama
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