Es hora de volver a hundir la garra en el espasmo,
de abrazar el lodo, de hacerse el loco,
romper amarras y olvidar anclas;
cómo decía, es hora de volver a hundirse
en la noche, en el lodo, en la incertidumbre
de todos tan temida, luminoso faro.
He vuelto a recoger lo que de bestia en mi se guarda,
lo que aulla desconfiado, lo que acecha
tras los arbustos de la calma.
Es hora, como dije, de incendiar el musgo, de hacer que arda
la orgullosa carne de lo inconsumible,
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