cuando sediento rasguño las paredes del miedo,
eres la garra de una rosa que me embruja,
volcán, yo el suelo oscuro y hambriento de tu fuego;
en esta casa que edifiqué a solas, guardo tu rostro,
en este cielo que apedreo cada tarde, te nombro.
Eres trémula carne en el murmullo del amanecer,
lago, arroyo, lengua que aprendo con tímida premura,
eres verbo que hierve en mi boca, en el estruendo molar
de mi embeleso, fruto dulce al mediodía,
eres la sencilla música que rompe el fino cristal
de mi mutismo, el destello que ilumina mis rincones.
Eres inflorescencia fuera de toda primavera:
reflejo en el reflejo del reflejo, me tocas.
Eres, otra vez, los caminos recorridos a ciegas,
el estremecimiento y el vértigo de coger tu mano;
Eres río donde se ahogan los lobos del deseo,
las bestias del desasosiego: cerca de ti soy salvo,
Eres mi vuelta a la inocencia de otros años, el trago
primero en el Leteo, la memoria recuperada y nueva.
Eres la música que adormece mis cerberos, Eurídice,
mi descenso a los infiernos para observar tu sueño.
Eres la manzana y el árbol prohibido, eres Edén
y lanza en mi costado; eres, siempre, la noche
en que me perdí en tus ojos, que me nombres
y se desvanezca todo el horror, el hastío, las llagas
lago, arroyo, lengua que aprendo con tímida premura,
eres verbo que hierve en mi boca, en el estruendo molar
de mi embeleso, fruto dulce al mediodía,
eres la sencilla música que rompe el fino cristal
de mi mutismo, el destello que ilumina mis rincones.
Eres inflorescencia fuera de toda primavera:
reflejo en el reflejo del reflejo, me tocas.
Eres, otra vez, los caminos recorridos a ciegas,
el estremecimiento y el vértigo de coger tu mano;
Eres río donde se ahogan los lobos del deseo,
las bestias del desasosiego: cerca de ti soy salvo,
Eres mi vuelta a la inocencia de otros años, el trago
primero en el Leteo, la memoria recuperada y nueva.
Eres la música que adormece mis cerberos, Eurídice,
mi descenso a los infiernos para observar tu sueño.
Eres la manzana y el árbol prohibido, eres Edén
y lanza en mi costado; eres, siempre, la noche
en que me perdí en tus ojos, que me nombres
y se desvanezca todo el horror, el hastío, las llagas
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