16 feb 2020

Pese a su brevedad, adiós es una palabra difícil de escribir.

No. Me quedará tu nombre
para iluminar la madrugada,
me quedará este ojo sano,
el oído abierto como herida
reciente, a la espera de tu
taconeo propiciatorio.

No te perdí: gano un recuerdo.
Puesto que nada he poseído,
porque compartir es distinta
cosa, no te pierdo al soltar
tu mano. Me quedará, para
invocar el beso de la fortuna,
moneda en el fondo del bolsillo,
el timbre de tu voz, tu sonrojo,
el interminable río de tu cabello,
y entre todas las cosas que guardo
ahora, el arco sensual de tu sonrisa.
No te pierdo, aunque me sangre
la mano izquierda de pensarte,
y ahora tenga que silenciar
ciertas canciones, algún libro
que me susurre, en el descuido,
una palabra que me lleve
al lado tuyo, sorprendido, amante,
enamorado. No sé si algo gané,
si alguna vez tendré otro fuego
para alumbrar el vientre de la noche,
si morderé otra fruta dulce
como la fruta tierna de tu labio.
Ahora, sostengo, feliz, la certeza
ingenua, inocente, de haber amado
cada cosa que tocó tu risa,
cada poro de tu piel, el temor de un día
perderte, y hoy saber que estoy ganando
un recuerdo en el que vuelvo
a tocar tu mano por vez primera,
y sonríes, de nueva cuenta, extrañada,
desconocida, hermosa, de alas abiertas.

No hay comentarios: