que como un bulto se ciñe a mi hombro,
en la dentellada primordial del beso;
que cada palabra sirva para forjar el molde
de tu cintura, cada sendero en que lengua
y falanges se disputen la primera piedra.
que cada palabra sea una roca suave
donde pueda lavar mi sangre con tu llanto,
que tu sudor, a cada susurro funde ríos;
que cada bocanada de tu aliento quepa
en este murmurar las sílabas de tu nombre, mantra.
no para que vengas, para nombrarte,
para iluminar mi oscuridad sin nombre, te nombro;
contigo he conjurado los terrores
de la infancia, he puesto a hervir el plomo
de mi sangre; marqué tu hora de partida,
en la pizarra de mi pecho, en ese ruidoso
cajón de resonancias
para acariciar al perro hambriento de la soledad,
digo tu nombre, en el torno de la lengua
lo hago girar, afilo sus aristas;
en esta casa que no es mía, te llamo:
estoy construyendo la noche
con mi mano adolorida de quererte,
porque necesito nombrar esta hora sombría,
ponerle un dique al ojo, armarme de terror,
dejar que caiga la nostalgia,
que se desborden las represas,
que se abra mi voz para gritarte
para iluminar mi oscuridad sin nombre, te nombro;
contigo he conjurado los terrores
de la infancia, he puesto a hervir el plomo
de mi sangre; marqué tu hora de partida,
en la pizarra de mi pecho, en ese ruidoso
cajón de resonancias
para acariciar al perro hambriento de la soledad,
digo tu nombre, en el torno de la lengua
lo hago girar, afilo sus aristas;
en esta casa que no es mía, te llamo:
estoy construyendo la noche
con mi mano adolorida de quererte,
porque necesito nombrar esta hora sombría,
ponerle un dique al ojo, armarme de terror,
dejar que caiga la nostalgia,
que se desborden las represas,
que se abra mi voz para gritarte
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