11 ene 2020

soneto oscuro número XXIV

Decir tu nombre es cosa de pez ciego,
que los pasillos de la casa se llenen
de aves -en el lodo de su pico tienen
la flor de tu silencio- que en el fuego

aguardan la roca que su canto frene.
Hablar de ti, en resúmen, es al ego
atarle el desvarío, y cuando abrevo
el agua amarga espero caída leve

y paz furiosa (que entre tus muslos
brota, tenaz, fragante, humedecida).
Nombrarte es enmarcar el péndulo

de tu cadera en un suspiro (ah, prohibida,
ácida fruta!), es soltar lanza y escudo,
dejarse herir, llamarte en la caída

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