28 abr 2020

Estuve a punto de decir que, triste, irremediablemente
la inocencia se pierde como el botón de una camisa
en la reyerta
o en el último juego de la infancia, al festejar el gol de campeonato

pero no, corrijo: no somos inocentes,
no hay tal, solo la oscura magia que esa palabra sugiere
el paradisíaco lecho donde se mece el crío
obscenamente obeso, decadente, de la ignorancia

y nuestro pecho es su cuna
porque hemos hecho lo posible
por negar el mundo y su fauce
porque nos negamos
porque evitamos
aceptar que este mundo, aunque nuestro
nos ha sido negado, envenenado,
que sangramos, que somos el carnero ofrecido al holocausto
y encima, balamos, como si fuera cierta la felicidad
como si fuera nuestra la libertad
mientras lamemos afanosos la cadena
octubre nos cubrió
[de besos
[de hojas secas
[de excitantes dudas

ilógico el descubrimiento de los días
garra se desliza entre la carne
una
dos
tres
veces

hasta llegar al invierno

ríes
a lo lejos:
recoges
la flor
que nace de mi herida
Olor de tus pasos en la tarde;
derrumbe de cristales o silencio
implosiona este cadáver

último bastión de tu recuerdo,
reflejo mi caída, acantilados, bravo oleaje, 

selva feral, paisaje incompleto del vivo desierto
que no me falte la poesía, señor, aunque no existas,
que no me falle el verso
que no me encuentre la derrota
sin un soneto para ofrendárselo a la muerte
esa noche un hombre
una sombra
tendió la mano

 una llama
una llaga
ardió en silencio


en el polvo
se desvanecieron
dos cuerpos

no fue la arena
la lava
o el oleaje embravecido

fue
decir tu nombre
la explosión
que destrozó
mi pecho
no he podido cerrar los ojos

quiero decir que acuso
imposibilidad de sumergirme
en el agua o el laberinto
del sueño

o lo que es lo mismo
no consigo partir del insomnio
ese muelle sin piratas
y el viaje ha sido largo
como tu ausencia

camino sobre el sueño
como un mesías sobre las aguas

quiero decir
que no he pegado el ojo
que no hay fantasmas
solamente
esta habitación
hecha de fuego
desnudo de ceniza, ruido apenas,
eviscerado animal, en esta casa
donde apilo huesos de desdicha,
donde, casi amanecido grito
para llamar a la tristeza, esa perra;
le pongo un bozal a su ladrido,
nuestra camisa de fuerza,
la venda en los ojos de nuestra locura


hecho nudo o carne de artificio,
palpo el aire, la oscilante rosa
del amanecer, y nada encuentro;
adormecido y lumbar, a todas horas
ensombrado, de todo tiempo
germen, hilo final de la rotura,
ladro en tu nombre, y caigo
en fosa oscura, donde no cabe
ni medio alfiler de luminoso tú
Para olvidar que estoy de pie,
atormentado, distraídamente desangrado,
trastabillante borrachín en el ocaso,
errático conquistador de avenidas y puentes peatonales,
escribo, repito fórmulas, vuelvo a decir
que está marchita la flor de la paciencia,
a rugir, saraguato, a golpear el pecho, simio,
a desplegar mi espina frente a la llama

para saltar de la inmovilidad al sueño,
para romperme piedra caliza en los molares
de la trituradora que es la vida,
y volver al polvo, a mi olvidada condición de campo yerno,
de escurridiza arena sin oleajes
silvestre metal, furiosa hierba,
me encierro, huyo ladera abajo
mientras allá arriba los escopetazos, la tormenta
el río creciente, los troncos, las serpientes
los suicidas cuando me detenga
Para marcar las huellas sobre el invierno,
para encender el fuego de la hoguera,
para dejarse envolver por el vendaval de octubre,
para ahuyentar las moscas de la dulce putrefacción,
para dejar como un sombrero, olvidada,
en el transporte público, la enfermedad,
para arrojarse de los acantilados y de los campanarios,
ave o suicida, hombre o deshielo,
para cruzar las avenidas de la noche,
para asistir al derrumbe del miedo,
para ponerle camisa de fuerza a la tristeza,
para asentarle bridas al potro de la angustia,
para dejar crecer el musgo de la primavera,
para salvarse del incendio, el agua de tu abrazo

Cerrar el ojo de la noche (fragmento)


Antenoche dormí poco. Mucho menos de lo que acostumbro. Me pasé el día buscando unos documentos, que no hallé por ningún sitio. Llamé a varios números, lejanos y absurdos sin obtener respuesta. Al final salí a buscar una copia a una comunidad alejada. Cuando la obtuve, también me ofrecieron un par de cervezas. Mi estómago se quejó: solo había desayunado un poco de fruta y ya eran las cinco de la tarde. Tomé el camino de vuelta. Al llegar a la primera ciudad, decidí cenar. Engullí. Eran las nueve de la noche. A las dos de la mañana decidí que era momento de dormir. A las tres treinta y siete me despertó una sensación de ahogo. Terminé vomitando parte de la cena. Ahora que lo pienso, creí que moriría. Ya no conseguí dormir. Leí cualquier cosa, pero ya no quise acercarme a la cama.
Luego, por la tarde, me embriagué a solas. Supongo que la certeza oscura de una muerte rondándome supo despertar la sed.

en el centro
del abismo

 -el abismo
hay que decirlo
es una ciudad
que padece
insolación
insomnio-


hay una hoguera
ahí se funde
todo resquicio
de piedad
cada hueso mío
ay, romperse
así, sin fractura
a salvo
estar vivo
como una piedra
como un tronco
que cayó
con la tormenta

es terrorífico
dolorosamente
vergonzante
ay

Los perros que le aúllan a la nada (15)


cuando amanece en el viejo terruño
Olivia ya se ha recompuesto la sonrisa,
ha limpiado su casa, y puesto a secar
su callada tristeza en lo más alto del pueblo


camina por la calle principal
en el mercado compra flores blancas
en el camino saluda, feliz
a todo mundo
alguien la acompaña
platican, como viejos conocidos

en la plazuela, justo antes de pasar
bajo los tulipanes de Indias
cruza bromas con un grupo de amigos

al llegar a la iglesia de San Juan
toma a su acompañante de la mano
le muestra los santos que cuida,
para ellos son las flores
míralos, le dice al visitante, no me van a perdonar
pero sé que me cuidan

los amigos sofocados por el calor
se preguntan si el trastabillar de Olivia
es una borrachera o un fruto de la imaginación

en ese momento, ella siente la primer dentellada
en el vientre y sabe que no alcanzará
a llegar a su casa para alimentar a sus palomas

camina aún, alcanza a recordar la infancia
correteando por la casa curial
los días de lluvia y las batallas con las flores
de la jacaranda y de la bugambilia

casi al llegar a la calle que todos llaman Álvarez
comienza a desplomarse dentro de una oscuridad
que crece desde lo más profundo de su entraña

antes de tender la mano, su acompañante
que nadie ha visto, le dice que irán a conocer el mar
pero ya no hay amanecer en su horizonte
Salí sin demora de ese lugar. Estaba indignadísimo, cómo era posible. ¡Cuánta desfachatez, qué falta de respeto a la clientela!
¡Miren que recibir y atender, como a un buen cliente, a un tipo como yo!
¡Las cosas que tiene que ver uno!
es cierto
el hombre
es la derrota
de sí mismo
la duda
es cierto
no hay carne
que lo sostenga
que merezca
esa tristeza

sería
cruel
hacerlo
meter al hombre
dentro
del hombre
como si
le dieran
una armadura
su propia
tumba
Has estado alguna vez en medio de una manifestación, en la primera línea, en el espacio que separa al civil del granadero, fotografiando el rostro hastiado de cada hombre o mujer uniformado, forzados a empuñar el tolete, soportar el peso y el calor de su armadura plástica, el escudo, las órdenes, el sol cayendo a plomo, el estatismo previo a la orden, el hambre, las deudas, el drama casero, los llantos cotidianos, la necesidad de pagar facturas, y visto entonces, entre chácharas, plática indiferente, tensión del qué sigue, se perdió fulano, fue al baño hace media hora y no regresa, a quien los dirige, cruzar miradas con ese personaje y verlo sonreír maliciosa, amenazadoramente, dejarse fotografiar, ir luego en busca del elemento más fornido, una bestia de carga, susurrar algo a su odio, carcajearse ambos mesuradamente, mientras te miran, y entonces adivinas que ya traes guardia personalizada, que los macanazos ya llevan dedicatoria, y entonces alguien da la primera orden, firmes, levantarse los escudos, en la clásica formación de los legionarios romanos, en falange, aparecer los toletes (antes eran gladios) y golpear tres veces, el estruendo del golpeteo es breve pero uniforme, canto de guerra, aviso, un paso, tres golpeteos más de toletes sobre escudos, breve silencio del lado de la manifestación, vuelta al bullicio, no nos movemos, y piensas en lo cerca que ha quedado el puerco granadero que te está cuidando cuando se acerca Paco Tejón a decirte compa ya viste esos te quieren madrear primero no dejan de mirarte, y como quien no quiere la cosa le explicas para ahuyentar también el temor que son perros de presa obligados por la necesidad que es lamentable, hombres, mujeres, jóvenes sobre todo arriesgando su vida y su integridad para defender a quienes los mantienen sumidos en la miseria, círculo vicioso, igual que a nosotros, pero ellos peor porque lamen la mano que los mata de hambre, que a fin de cuentas vale madre, pobres citadinos seguramente hijos o nietos de migrantes provincianos empujados por el hambre enviados a golpear pobres campiranos de provincia organizados para salvarse de su hambre y la miseria qué cosa tan extraña, las palabras, que pareciera que a todos nos tocan igual pero pone a unos de un lado y a otros en la orilla contraria, y el gorila se hace como si la virgen le hablara pero ya no sostiene la mirada, como que se le apagó la fiereza por un instante, qué poca dice Paco el tejón y enseguida mira, Goyo está en las escaleras lo van a madrear antes que a nadie, y bien quitado de la pena, no manches, firmes, segunda orden, escudos, toletes, avancen dos pasos, el círculo se reduce de este lado y aunque todavía no lo sepas también calle abajo se va cerrando el círculo o sea que no queda hacia donde correr pero todavía no lo sabes aunque deberías imaginarlo, el encapsulamiento es clásico en la estrategia represiva, más toletes golpeando escudos, alto, cinco minutos, se repite la orden, dos, tres ocasiones más, los animales de presa avanzan hacia ustedes y ya guardaste la cámara, tienes ganas de adentrarte en la multitud, sin que puedas negar el miedo pero te quedas en esa primera línea, solo pasas detrás de una lona que grita presos políticos libertad como si ese plástico fuera protección suficiente, y entonces todo se detiene