En cada librería que visité aquel año, buscaba el libro con ansia y temor. Ansiaba encontrarlo, necesitaba hallarlo con la misma intensidad con que la sola mención, la simple idea de su existencia me llenaba de miedo.
Yo sabía y sé que ese libro no existió más allá de una pesadilla que me pareció, mientras la viví, larguísima.
Sé que fue producto de mi imaginación excitada, pero no pude evitar largas noches de insomnio y los momentos de ansiedad al encontrarme frente a cualquier librero.
Aún ahora, hay horas grises en que el viento agita el mundo y es como si escuchara una señal que me recuerda aquellas horas.
2020/10/24
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